Análisis

Juanma G. Anes

Ese deporte de once contra once…

Seguro que recuerdan aquella mítica frase de Gary Lineker: "El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y en el que siempre gana Alemania". Creo que no caeríamos en un gran error si a tal sentencia nosotros le damos una vueltecita para dejarla así: "El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y en el que siempre, en otoño, el recreativista sufre más que Frodo en una joyería". Desde aquella temporada de Oltra hasta hoy no ha habido curso que no se torciera cuando empiezan a acortarse los días; incluso cuando fuimos campeones tuvimos unos meses finales de 2018 para echarse a temblar. Eso sí, será difícil que nuestros ojos vuelvan a ver algo similar al resto de esa inolvidable temporada.

El Decano perdió este domingo una oportunidad de oro para afianzarse en la tabla pero, sobre todo, para apuntalar su confianza. Un triunfo le hubiera puesto mirando arriba -y con un partido menos-; un empate con una buena imagen hubiera asentado la supuesta regularidad y la esperada consistencia, pero la derrota con insulsa imagen añadida (contra once y contra diez) dejó tocado a todo el mundo. A todos menos a los jugadores y técnicos, espero, de quienes ansío que tengan ya sangre en los ojos para el duelo sabatino ante el Marino. El cuadro canario viene de no ganarle a absolutamente nadie, de hacer 1 punto de 18 y llegará como tristísimo colista: no hace falta decir que únicamente vale una cosa y no sólo para escalar puestos y ganar tranquilidad, que también, sino porque cada guarismo cuenta para esa segunda fase, se juegue en la parte del cuadro que se juegue.

Como a uno le gusta aprender de todos admiro a los que señalan los cambios necesarios y el estilo ideal para darle la vuelta a la inestabilidad del equipo de Claudio. Yo soy mucho más simple: a mí el estilo que me gusta es el que consigue resultados y logra objetivos; como si se acaba con Nauzet de '9' puro, vaya. Hasta eso me valdría. Esto va de ganar y de escapar de la actual 2ªB o de algo peor que aceche. El año pasado dar excesiva confianza a Monteagudo no fue muy bien; esperemos que, si la paciencia también prevalece este curso, se tenga en la recámara al mejor desfibrilador del mercado. Por si las moscas.

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