Análisis

NArciso rojas

Algo poco común

Edimburgo llevaba todo el día de fiesta. Un partido internacional del XV del Cardo es siempre un evento excepcional, y más aún si los que rinden visita son los primos del sur; esos que visten de negro.

El bus de la selección neozelandesa circula a paso de hombre junto a los muros de Murrayfield, camino de la entrada de los jugadores, flanqueado por nosotros, mortales espectadores, y escoltado por una banda de gaiteros locales -respeto a aquellos que viene de las antípodas a jugar al rugby-.

Después de ver la entrada de ambas selecciones vitoreadas por niños, jóvenes y no tan jóvenes, nos dirigimos al interior del estadio, y, tickets en mano, buscamos nuestros asientos. Estamos justo detrás del banquillo de los All Blacks.

Los equipos calientan, entran a vestuarios, vuelven escuchan "Flor de Escocia" y" Dios proteja a Nueva Zelanda". Los All Blacks se dirigen al centro del campo, se colocan en formación y Liam Messam comienza a liderar la tradicional Haka frente a los escoceses. Los jugadores cantan en una lengua extraña, con un sonido agresivo que retumba en toda Escocia; se golpean con las palmas de sus manos las piernas y el pecho, y suena como si golpeasen madera. "¡Somos los que haremos brillar el sol de nuevo!".

La Haka estremece al verla en directo; y lo hace por varios motivos: la tradición, la lejanía de la cultura, su agresividad; pero, sobre todas las cosas, nos estremece por lo mismo que lo hace la visión de una ballena en medio del mar, o de un lince en el campo: porque no se ve todos los días.

La Haka es difícil de ver, y eso la hace especial. No sé qué tratamiento se le da en la sociedad civil de Nueva Zelanda, sólo conozco cómo la tratan en el rugby, y que está reservada para aquellos que visten la camiseta de su selección. Ver intentar hacer esto a gente que no son de ese país, y que ni tan siquiera conocemos con profundidad su cultura, puede resultar esperpéntico. He visto a algunos jugadores españoles usarla para promocionar el rugby, y creo que no es lo suyo. No sé qué opinarán los neozelandeses del tema, pero me da en la nariz que convertirla en algo común no está en el guion.

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