Análisis

NArciso rojas

La casa del sol naciente

El ruido que provenía de dentro del bar les llegaba amortiguado. La puerta de entrada estaba cerrada, y los dos, en la calle, fumaban y tomaban unas cervezas que estaban sobre una mesa alta y redonda. Las manos libres las mantenían en los bolsillos. Era febrero y hacía frío. El más joven hablaba de lo complicado que era encontrar un sitio como aquel. "Yo miro todas las semanas los horarios de los partidos de fútbol para ver si en uno de los huecos que dejan libre entra alguno del calendario de este año. Y después a preguntar en los bares. Normalmente me miran raro. No está mal haber encontrado este sitio." El otro asentía. No era fácil, concluyó. Competir con el fútbol, por muy insulso que fuera el partido que televisaban, no era fácil. Ver el Seis Naciones era casi un milagro. Se quejó del precio que te hacía pagar a la cadena que tiene los derechos si querías ver rugby. Dejaron los cigarros a medio terminar y fueron hacia la puerta. Entraron. Estaba sonando The house of rising sun de The Animals. "My mother was a tailor. She sewed my new blue jeans". El joven siguió los pasos del más mayor. La mesa que habían decidido compartir frente a la gran pantalla del bar, a una distancia razonable, estaba aún libre y con sus dos sillas tal y como las habían dejado. La canción no había terminado de sonar cuando las puertas volvieron a abrirse para que entrase un grupo de unos veinte. "And it's been the ruin of many a poor boy and God I know I'm one". Fueron llenando el bar, serios. El joven reconoció a uno de sus compañeros de universidad. Eran los jugadores del Tartessos, dedujo. Se lo dijo al oído a su improvisado compañero. Se volvió para mirarlos. Ya estaban acomodados, conocían el local. La canción terminaba, y uno de ellos, con la cabeza afeitada, le hizo una seña al camarero. Este cogió el mando a distancia y le dio volumen a la televisión. Sonó la voz de Eduardo Téllez: "Bienvenidos a una nueva edición del torneo de las Seis Naciones".

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