Análisis

Juanma G. Anes

No hay una canción...

O, mejor dicho, un cántico, que refleje tan fielmente lo que es un club, lo que representa para su gente y lo que han sido sus extremas circunstancias vitales del pasado más reciente que ése. El canto Decano de mi alma, no quiero verte llorar… nació hace cuatro años tras aquel maldito descenso del Decano a Segunda B, la penúltima obra de aquel inepto condenado, y se ha convertido en todo un himno que retumba dentro y fuera de cada campo donde juega el club de fútbol más antiguo de España. Y es que su significado se ajusta perfectamente a la realidad.

Este pasado domingo, en Sevilla, en unos de esos días que, pase lo que pase, el recreativismo ya recordará para siempre, la épica de la remontada y el éxtasis final empezaron a fraguarse bajo la banda sonora de esa música y de esa letra. Busquen en los archivos audiovisuales subidos estos días a las redes (esos que no vamos a dejar de ver hasta el domingo por la mañana) y lo comprobarán. Estaba la afición albiazul atenazada, con gargantas y palmas demasiado paralizadas, hasta que uno de los líderes de la Grada de Animación cogió el megáfono y levantó a los casi dos mil onubenses allí presentes iniciando ese estribillo. Y en mitad del sentido y acompasado coro llegó el penalti a Quiles (vaya partidazo hizo el canterano) coronado con el primer gol. Desde ahí hasta el final, la más absoluta locura, claro. Pocas veces he visto tantas caras desencajadas de alegría como las de ese fondo del estadio hispalense.

Me consta que todavía hay gargantas tocadas tras gritar ese mágico tanto en el último suspiro y que también hay a quien aún le duelen las extremidades. El que menos dio noventa abrazos a su vecino en apenas cuarenta segundos. Qué gozada. En un mundo justo esos momentos deberían prolongarse para disfrutarlos eternamente, que nos los merecemos…

En Málaga y ante el Talavera sucedió algo parecido hasta llegar el gol del conjunto recreativista. No va a pasar siempre así, evidentemente, pero no deja de ser una maravillosa, poética y extraordinaria casualidad que la alegría llegue al ritmo de ese son. Si es que cada frase que contiene la marcha no puede ser más real: 'Aquí está tu gente, la que no te va a fallar. Ahora que has caído yo te levantaré'. 'Sólo' falta que se cumpla lo que sigue, la parte final…

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