Uno creció ensimismado por el fútbol de tiralíneas, el de toque excelso y calidad desmesurada, con la floritura y la fantasía como ejes del espectáculo… Con el arte llevado al césped, vaya. Era lo más normal: pudiendo admirar lo que hizo Maradona no iba a tener como referente a Vinnie Jones, evidentemente. Pero cuando aquí caímos al socavón justo después de celebrar el centenario (maldita la gracia), lo único que empezó a importarme de este mundo del fútbol era que mi equipo saliera de ahí como fuera, con estilo propio o sin estilo alguno, por las buenas o por las malas; hasta trucando el balón si era necesario. Ocho años en el pozo con tres intentos fallidos hasta que a la cuarta llegó la vencida. ¿Jugar bien? Sabía que no era incompatible, pero eso iba después en mis preferencias. ¿Disfrutar? Primero estaba ascender y para eso había que ganar, ganar muchísimo. Ya se disfrutaría luego con el objetivo cumplido.

Tras cinco años en los que al Decano le ha pasado absolutamente de todo sobre el campo -y no digamos fuera de él-, lo de este curso parece la devolución de cierta y merecida tranquilidad y hasta puede que con algunos intereses. Me hace gracia oír expresiones como "estamos como siempre, con falta de constancia y dominio en el juego", lamentos que terminan con la frase "la única diferencia es que ahora se gana"; como si ésa fuera poca diferencia, alma de cántaro. Para una afición apaleada casi cada domingo durante este último lustro ese cambio es vida y media. Como ya comentamos aquí al principio de temporada, Salmerón heredó un equipo perdedor y el reto de cambiar esa dinámica, que no era nada fácil y menos con el entorno y los problemas existentes, lo está superando con una nota más que aceptable.

Y sí, queridos avinagrados, que os conozco: todavía no se ha logrado absolutamente nada, la situación institucional es la que es y, lejos de estar solucionada, queda un abismo para llegar a la estabilidad necesaria, pero si algún pasito hacia delante se ha dado arriba (¿hace falta recordar cómo estaba este club hace apenas tres años, con el último partido a la vuelta de la esquina?) y abajo, donde ahora la pelotita entra, no maten a los que se ilusionen, y menos si los que deben tener los pies en la tierra los mantienen muy bien asentados.

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