Sucesos Un fuego calcina varios coches en mitad de un camino en Lepe

Análisis

Fernando Faces Santelmo Business School

Más allá de Macron

Las elecciones francesas han evidenciado los tiempos de cambio convulso que vivimos. Nadie supo presagiar que en tan solo dos legislaturas los partidos tradicionales, Partido Socialista y Republicano, que se alternaron en el poder durante décadas, iban a llegar al borde de la extinción en las actuales elecciones. Los politólogos atribuyen la catástrofe a la falta de estrategia de ambos partidos, a la falta de liderazgo, al distanciamiento de sus bases electorales y a los intereses personales y las luchas internas por el poder. Diagnóstico que siendo válido es incompleto. La causa más importante es su incapacidad de adaptación a los profundos cambios de la sociedad, cada vez más compleja y diversa en sus valores y en sus intereses. Los partidos tradicionales siguen atados al obsoleto dualismo izquierda-derecha, incapaz de abarcar la compleja realidad social. Los valores que definen a la izquierda y a la derecha permanecen inalterados desde hace décadas. Recientes estudios sociológicos ponen de manifiesto qué la realidad social es cada vez más compleja y permeable. Ciudadanos calificados como de derechas comparten un porcentaje notable de valores atribuidos a la izquierda, y viceversa. En esta convergencia de valores tiene mucho que ver el progreso en la educación y el conocimiento. Los ciudadanos son más complejos y menos polarizados que los partidos que los representan. Cada vez es más grande la brecha entre representantes y representados. Estamos ante una crisis de representación democrática.

El déficit de representación de los partidos obedece a su incapacidad de adaptación, y al distanciamiento de la realidad social. Lo cual acontece cuando prevalecen los intereses políticos personales sobre los generales, cuando la acción política se convierte en profesión y medio de vida. Las elecciones francesas han demostrado que el peso de las ideologías, como elemento diferenciador, es cada vez menor. Por el contrario el peso de las desigualdades económicas, del nivel salarial y del Bienestar es cada vez mayor. La emergente nueva política tiende a sustituir el marco político horizontal de izquierda- derecha, por el vertical de élite-pueblo o ricos-pobres.

Las tres últimas crisis han aumentado la precariedad salarial y las desigualdades. El notable ascenso del partido ultraderechista de Le Pen es por haber puesto en el centro del discurso la pérdida de poder adquisitivo por la inflación y la precariedad salarial. La remontada del líder de extrema izquierda Mélenchon obedece a la misma razón. Pero ha sido Macrón y su partido En Marcha el que ha ocupado el vacío del centro abandonado por los partidos tradicionales. Su discurso ha sido reformista en lo económico más que en lo social. En su ejecución ha estado más cerca de las élites que de las rentas bajas. Como buen estratega en la segunda vuelta, el camaleónico Macron se ha lanzado al ataque contra Marine Le Pen priorizando la ayuda social a pequeñas empresas y familias , olvidándose del prometido alargamiento de la edad de jubilación hasta los 65 años. Aunque no hay nada seguro, todo hace prever que el partido personalista de Macron será vencedor en la segunda vuelta. Macron ocupando el centro ha salvado de la ultraderecha a Francia y a Europa. Pero Macron, como "objeto político no identificado", es irrepetible ¿Qué ocurrirá,más allá de Macron, en las elecciones de 2027?

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