Análisis

Juanma G. Anes

Vivir sin miedo

Quienes quieren al Decano y aún portan las cadenas de una penitencia que nunca merecieron todavía se frotan los ojos y con razón: el resultado de La Condomina ha permitido contemplar ese géiser latente que el seguidor albiazul esperaba como un maná: una apoteosis de goles, un domingo redondo de principio a fin, cinco gritos de alivio, genio y rabia mezclados al unísono. Cuánta falta hacía una temporada y un partido así. Aquí nadie ha ganado nada (junio está tan lejos…), pero se ha vivido con tanto miedo tantos años que toda alegría que llegue será poca. Y no nos equivoquemos: las penurias, aunque dormidas hasta final de año (como mínimo, esperemos), hay que borrarlas, toque el premio gordo o sólo la pedrea a final de curso. El reseteo del club no se puede aplazar.

El miedo atenaza y, desde aquel "embarguito" de la tienda estando aún en Segunda, esos puñeteros 30 de junio (el de 2016, infartos mediantes, inolvidable), las amenazas de unos, las infamias de otros y la pelotita que, encima, nos ponía la terrorífica guinda dolorosa cada jornada, han hecho que todos vivamos temblando. De ahí tanto y lógico recelo. En un mes se cumplirá 3 añitos de aquel mensaje del "último partido del Decano". Yo no sé a ustedes, pero ese escalofrío, incluso intuyendo que Huelva jamás dejaría caer al Decano, aún dura. ¿Se han hecho cosas mal desde entonces? Evidentemente. ¿Se ha salvado la situación más extrema que ha vivido el Recre en toda su historia? Tampoco se puede negar. ¿Hay que mejorar muchos aspectos, labor que ya únicamente corresponde al Ayuntamiento y al consejo? Muchos no: muchísimos. Pero no olvidemos que es un milagro que hoy tengamos aire en los pulmones, aunque haya quien se desviva por contaminarle los bronquios al Abuelo.

Queda poco para llegar al inicio del tramo decisivo de un curso que está siendo apasionante. Y repetimos: no olvidar el pasado y no dejar de contar la realidad (la verdadera, no las alucinaciones de algunos) no es óbice para ofrecer el aliento que el escudo albiazul se merece. Y no sólo por los jugadores y el entrenador, que también, sino por todo el que puso su granito de arena cuando más falta hacía para poder llegar hasta aquí. Aunque moleste, el Recre vive hoy con ilusión y sin miedo, que es mucho más sano que vivir de él…

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