Análisis

Juanma G. Anes

(Sobre)vivir en el esperpento

El Recre no está como está sólo por el azar ni por los elementos incontrolables, claro que no. Justificarlo todo utilizando únicamente ese argumento sería hacerse el harakiri. Cuando todo fue rodado es porque muchas cosas se hicieron bien. Dicho lo cual, el vudú que nos aplican desde hace tiempo dura más de lo humanamente soportable; demasiado para la ya extremadamente castigada parroquia albiazul.

Se puede analizar tanto del esperpéntico partido del domingo que casi da miedo comenzar la ronda; a saber: la nueva ausencia en el once de Traoré (Vila sigue sin demostrar lo que se espera de él), la falta de reflejos en el banco al no sustituir a Núñez en el descanso (cuando le amonestaron por primera vez hasta los selenitas intuían que no terminaría el partido), la brauliada de Luque encarándose con cierta parte de la grada (aquí sólo es un soldado más del ejército, debería tenerlo mucho más claro), el poste traicionero de cada día… Y lo del árbitro, claro.

Como lo escribí incluso en la buena racha creo no ser sospechoso: no es normal el pésimo nivel de los trencillas que nos tocan ni que, en la mayoría de las jugadas decisivas, salgamos perjudicados, como no es normal el trato chulesco y despectivo de los colegiados hacia los nuestros, que es lo peor de todo. Eso saca de sus casillas hasta al ser más zen, y jugar desquiciado desde el minuto uno es la puntilla que nos falta teniendo detrás todo lo que tenemos.

Hay quien no ve fantasmas en esto, algo probable y respetable; conociendo cómo maniobra el estamento arbitral (hasta colegiados internacionales han denunciado el mafioso funcionamiento del colectivo), teniendo los antecedentes que tenemos y sabiendo que algún ser maligno y malintencionado sigue por ahí yo me niego a descartar absolutamente nada.

El caso es que volvemos a sentir el odioso frío de otras temporadas. Juanma López -felicidades por la exclusiva, Antonio Carrasco- se dignó por fin a hablar para mostrar calma y confianza en el arreglo definitivo, ése que traerá 'la normalidad'. El día que las palabras se materialicen en hechos no nos lo vamos a creer. Es lo que tiene (sobre)vivir en un esperpento continuo.

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