Análisis

manuel J. lombardo y santiago gallego

Sobredosis de normalidad

Volvieron la normalidad, la inflación de títulos, los invitados, el photocall, la prensa de fuera, los preestrenos, las salas llenas y García-Pelayo y su troupe cada vez más nutrida e internacional, pero no necesariamente el buen juicio del jurado de la Sección Oficial que, con el alemán Petzold al frente, barrió para casa premiando con el Giraldillo de Oro a Great Freedom, de Sebastian Meise, una cinta que, siendo estimable en su compromiso con la defensa de las libertades, las minorías silenciadas y la lucha contra la intolerancia, no lo era tanto con ese cine de altura y verdadero riesgo que sí encontramos en las grandes olvidadas del palmarés: Memoria, Ahed's knee, Diarios de Otsoga o Espíritu Sagrado.

Tal vez haya pesado también en la decepcionante decisión el hecho de que Apichatpong, Lapid o Gomes sean ya pesos consagrados del cine de autor, con cintas premiadas en Cannes o reconocidos aquí en varias ocasiones, y que se haya preferido aupar a un cineasta con una carrera aún por hacerse. Nunca sabremos qué le viene mejor a un festival que sólo quiere crecer y crecer, si un jurado que premie lo mejor o que apueste por el futuro.

Se extiende su clara y unívoca línea editorial a otros premios que parecen reivindicar la narración clásica o cierta ortodoxia en detrimento de cualquier gesto autorial o exploración del lenguaje: léase así el premio a la mejor dirección para Jonas Carpignano por Para Chiara, tercera entrega de su retrato de la mafia calabresa, el del mejor guión y Premio del Jurado para Onoda, del francés Harari, otro filme digno aunque en la segunda línea de esta sección, o, sobre todo, el que se lleva la debutante libanesa Mounia Akl por Costa Brava, Líbano, cinta muy endeble que palidece al lado de la de sus compatriotas Hadjithomas y Joreige, la estupenda Memory Box. Aun así, se olvidan de la película mejor y más sobriamente narrada: Tres pisos, de Moretti.

Parece razonable el premio al mejor actor para Franz Rogowski, el actor alemán de moda (y habitual de Petzold), aunque su trabajo no es mejor que el de su compañero Georg Friedrich en el filme de Meise. Respecto a las actrices, y más allá del reconocimiento a la franco-china Lucie Zhang por su desparpajo en París, Distrito 13, la mención especial al reparto colectivo de Para Chiara suele enmascarar un mérito que en realidad es del director. Los dos premios técnicos a fotografía (¿Qué vemos cuando miramos al cielo?) y montaje (Vaca) son también demasiada recompensa para cada una.

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