En este Recre de desesperantes altibajos en el que los principales focos, como sucede en todos los equipos del mundo, se dirigen a las áreas para poder endiosar o crucificar al portero o al delantero de turno, hay un hombre en el centro que suele ser mucho más clave de lo que parece y que, cuando se encuentra protegido y acompañado como debe, demuestra que es capaz de engrasar la máquina mejor que nadie.

Es difícil que Traoré salga a hombros en algún partido o que deleite con filigranas como las que el domingo nos dejaron Santamaría, Agudo -vaya partido hizo hasta que le aguantó la gasolina-, o que atraiga tanto la atención como Sergio o Martínez, quien, por cierto, volvió a sacar dos balones cruciales para desesperación del Écija y de los cardiólogos de Huelva pero para tranquilidad del resto, que ya nos la merecíamos. En un equipo sin identidad definida y con el tercer entrenador del curso al mando (a ver cómo termina el asunto del cuarto), el centrocampista costamarfileño es de esos que casi siempre aprueba, y con buena nota, cada partido. Confieso que lo de pasarme por director técnico no me atraía ni para echar el rato con el PC Fútbol pero si, como se cree, mantener la columna vertebral de un equipo es fundamental para que éste pueda crecer, el eje Marc-González-Traoré se me antoja vital para proyectos importantes en un futuro no muy lejano. Estos años atrás, por todo lo que ya sabemos, el Decano ha tenido menos relevancia a la hora de retener a jugadores importantes que Carlitos Puigdemont en una asamblea de la ONU; convenientemente desparasitada la entidad y con lo de Hacienda solucionado -parece mentira que haya podido escribir estas dos últimas palabras… ¡dan ganas de repetirlas en cada línea!-, el escudo albiazul debe empezar a pesar lo suyo. Esperemos.

Empieza a entrar aire fresco de verdad tras cuatro años ominosos que no se los deseo ni a nuestros peores enemigos (bueno, a algunos sí). El milagro económico marcha tras muchísimo esfuerzo, muchísimas lágrimas y muchísimo valor derrochado por el personal. Que ahora la pelota acompañe, que las alegrías, como las penas, no deben venir solas.

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