Hay rincones y enclaves en nuestra ciudad que los tenemos tan interiorizados en nuestro diario, que pasan casi desapercibidos.

Son lugares tan arraigados en la historia de Huelva, que los que ya tenemos una edad difícilmente podemos pasar por ellos sin que se nos vengan imágenes de otros tiempos. Son lugares que bien podríamos decir que tienen alma.

Uno de esos lugares es la Plaza XII de Octubre. Desde el punto de vista cofrade, este lugar está íntimamente unido a la Hermandad del Nazareno, la cual nos ofrece cada Madrugá uno de esos momentos que hay que vivir pausadamente.

Cada mañana de Viernes Santo, aunque el amanecer ya se haya producido, es en este enclave donde parece que la mañana despliega su imperio de luces y claridades para recibir al Señor de Huelva.

Es ésta una plaza, que a pesar de que actualmente tiene unas hechuras alejadas del paradigma de plaza andaluza, al llegar la Madrugá se transforma en algo mágico, porque la presencia del Nazareno la embellece. Es éste un lugar donde en otro tiempo se producía aquella revirá eterna para adentrarse en la calle Marina, mientras que las palmeras al fondo y algún palenque de redes creaban el dosel perfecto para perfilar en la mañana al Nazareno.

Plaza XII de Octubre, donde en otro tiempo más lejano, cuando Huelva presumía de marinería, gozaba, esquina más para allá, esquina más para acá, de ese Arco de la Estrella dedicado a la Virgen con ese hermoso nombre. Ese Arco, como tantas cosas de Huelva, se lo llevaron los tiempos, aunque, gracias a Dios, Huelva y por medio de la Hermandad del Prendimiento, ha recuperado esa advocación mariana y choquera.

Evidentemente, hoy sería inviable recuperar el Arco de la Estrella, pero sí se podría colocar un artístico retablo cerámico en ese lugar, donde se reprodujera ese grabado tan conocido por todos, que apareciera en la obra La Crónica de la Provincia de Huelva de Manuel Climent en 1886. Pero sin desviarnos del tema, la Plaza XII de Octubre, a pesar de que por su pequeña geografía actualmente sólo pasa una hermandad, sigue siendo un enclave muy cofrade.

El Viernes Santo parece que amanece en esa esquina de la Plaza con la calle Marina, pues ahí es donde toda Huelva sale al encuentro con el Nazareno.

Tiene esa esquina mucho de Conquero, pues sí, en el amanecer del tercer domingo agosteño Huelva sale al encuentro de la Virgen de la Cinta y allí nos congregamos sus hijos, en la Madrugá y en ese punto sucede lo mismo con el Nazareno. La Plaza XII de Octubre es un lugar especial. Es ese lugar de la mañana donde el Viernes Santo empieza a atisbar la tarde o ese rincón donde empiezan a escucharse las primeras saetas de la mañana, que parecen que tienen otro quejío distinto a pesar de ser las mismas.

En la plaza XII de Octubre se sigue oliendo a café recién hecho, al dulzor del aguardiente o a la masa de los churros de los puestos del mercado. Hay cosas que no han cambiado y no tienen ni deben cambiar. Es este un lugar, que se conforma con ser lo que es en la Semana Santa, pero que también se reivindica todos los años como ese inicio de la que fuera la Calzada, por donde Huelva acompaña al Nazareno camino de la parroquia de la Inmaculada Concepción, donde la Madrugá da paso a la tarde del Viernes Santo.

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