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El dúo de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero han creado dos series interesantes antes del Sentimos las molestias, patetismo crepuscular, que acaba de llegar a Movistar Plus +. Las ficciones de este dúo bregado en teatro y cine coinciden en la pátina de un costumbrismo realista, pinceladas sobre la calle, que terminan deformadas por brochazos de escepticismo.

Las historias parten de un protagonista principal y singular de cuyosflecos parte el mosaico de su entorno, hipérboles, complementos y antagonistas del eje. En cada una de sus comedias ásperas han contado con otros tantos actores masculinos de relieve y con trayectoria. Tuvimos al desdichado con ínfulas de Javier Gutiérrez en Vergüenza; al político caradura vergonzante de Javier Cámara en Vota Juan y sus secuelas; y ahora a Antonio Resines (la serie se grabó meses antes de su convalecencia). En Sentimos las molestias es Müller, director de orquesta endiosado por la élite y que sufre la insatisfacción permanente ante los que él cree interiores. Alienta una jovialidad esfumada y un vigor marchito en sus relaciones personales a imagen y semejanza de su compadre, rockero trasnochado (pasado de moda incluso en sus tiempos de juventud) a cargo de un infalible Miguel Rellán.

Los seis episodios, como en los de las ficciones antecesoras, están pavimentados con baches de los que a cada contratiempo los protagonistas insisten en sus errores y fijaciones. No son comedias de chiste y disparate sino de recorridos cervantinos que pellizcan la compasión hacia y unas reacciones que estimulan la vergüenza ajena, como la que suscitaba cada decisión de Gutiérrez de lo que podría considerarse primera de una trilogía de Cavestany y Armero.

La orquesta es la excusa para hablar de la rebeldía baldía ante el paso del tiempo, las distancias generacionales o la superación de clichés de sexualidad que envejecieron de forma más meteórica que quienes se empeñan en mantenerlos. Sentimos las molestias causa molestias al espectador. Es lo que pretenden, con una risa larvada.

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