Análisis

Antonio Sempere

María Galiana

Todos los que vieron la gala de hace dos jueves en Dónde estabas entonces coinciden. María Galiana protagonizó los momentazos de la noche. Y mira que había caras conocidas con suficiente pegada entre los invitados. Pero el tándem María Galiana-Íñigo Errejón, gracias a la primera, pudo con todo lo demás. De hecho, podemos asegurar que éste ha sido uno de los primeros instantes televisivos de 2019 de esos que se recordarán en la posteridad. Tanto como aquellos que recuperaba el programa de Ana Pastor entre bloque y bloque de entrevistas.

Y es que María Galiana, con su sinceridad y sentido común, el menos común de los sentidos, dictó sentencias con cada una de sus aseveraciones. Cocinera antes que fraile, y docente antes que actriz, reconoció como una carencia no haberse subido al carro de la tecnología y la electrónica, habiendo quedado como nos pasa a muchos un poco al margen de según qué hábitos sociales del siglo XXI. Pero aprovechando que tenía a Íñigo Errejón a su lado le recordó que su hijo también era profesor en la Universidad. De Teoría de Comunicación. Matizando con ironía que ahora ya no se llaman Ciencias de la Comunicación por aquello de que entre los de Ciencias y los de Letras siempre habían habido piques. Pero dejando claro, y era a donde ella quería llegar, que su hijo le aseguraba que sus alumnos de hoy comenten faltas. De Comunicación y con faltas.

La franqueza de nuestra gran María Galiana conquistó. Y de ello deberían tomar buena nota los que inventan formatos y buscan la piedra filosofal para descubrir programas de pegada fuerte. Resulta que a estas alturas todo está inventado. Y que la audiencia que demanda al medio televisivo algo más que realitys y entretenimiento ramplón se conformaría con momentos como el que nos regaló Galiana, televisión químicamente pura.

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