Análisis

NArciso rojas

Maldito ciclo electoral

Se supone que en esta columna se habla de rugby, pero no se equivoque, no es más que un escenario en el que interpretar una función mucho más extensa. Podemos estar hablando de educación, de filosofía, de amor, de solidaridad o, como es el caso de la columna que ahora mismo lee, podemos estar hablando de gestión política.

Son fechas en las que se repite cada vez más el mantra: "Aprovechemos que vienen elecciones para pedir cosas a los políticos". En el asociacionismo, en el mundo del deporte amateur y profesional, en el mundo de la cultura; la cercanía de las elecciones se ve como una oportunidad para conseguir que los que gestionan el dinero público lo inviertan donde nosotros creemos que es más oportuno. Esa actitud es el corazón que bombea sangre a un sistema fallido. Somos nosotros, al hacer uso de ese mercadeo, los que estamos alimentando esta forma de hacer política de perfil bajo basada en el maldito ciclo electoral.

En el rugby seguimos viendo cómo el trabajo que el Tartessos ha hecho durante muchas temporadas con jóvenes que empezaron a mover el melón con seis o siete años se va por las alcantarillas de la gestión de los espacios deportivos públicos. Una hora de campo a las tres de la tarde es lo que han podido ofrecerle desde la Diputación de Huelva a la mejor generación de jugadores que ha tenido nuestra provincia (parece que en la Diputación no saben que a esa hora están saliendo del instituto para ir a almorzar a sus casas). Y eso resonando con las próximas elecciones municipales.

Mientras sigamos dando por bueno que nuestros políticos se muevan en un mesociclo de cuatro años no podremos cargarnos de la razón necesaria para poder exigirles que levanten la vista y miren más allá de las próximas urnas. No podremos hacerlo sea el que sea nuestro interés: urbanismo, cultura, música, el ciclo reproductor del cangrejo de río, la protección del drago canario, el rugby o el club de fútbol de tu ciudad.

La altura de miras la impone el ciudadano. Lean el Ensayo sobre la lucidez de José Saramago, y hablamos.

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