Análisis

Manuel gómez Marín

El Decano arranca con un test de acción y efecto de conjura

El nuevo sistema de competición exige conjura porque da lugar a pocos errores

Sexta temporada consecutiva en fase crítica de salvación del Decano en el pozo de Segunda B tras los antecedentes del primer ciclo de ocho seguidas (1990-1998) y una tercera caída (1999-2000) no ejecutada por el ascenso administrativo del 31 de julio en plenas fiestas Colombinas al descender por impagos Mérida y Logroñés. Y llega una transición que inicia su ruta de "sálvese quien pueda" en un momento muy peligroso por el que atraviesa la categoría desahuciada en el desamparo económico.

Y que por una desgracia de pandemia activa la RFEF un cambio profundo rápido y a presión cogiendo a los clubes sin el asentamiento básico de sus dañadas estructuras ya de por sí ínfimas ante lo que se prevé en esta revolución exprés que tolera el acomodo al gusto y a la voluntad aumentando la participación de equipos (de 80 a 102) y reduciendo el calendario regular (18 partidos, uno menos que una vuelta de la pasada temporada) y también menguando la operativa de ingresos, según las entidades en el 35% como mínimo.

La relación riesgos y beneficios se entrecruzan en este formato afinando los detalles ¿quién se reforzó mejor sin descubrir su economía? Y este Recreativo apretando su presupuesto y al límite de gastos dispone de un consenso de masa de abonados que exigirá la recompensa a una pasada temporada nefasta y que la suspensión dejó la incógnita de un presunto final agónico. El hola y adiós en el debut de la Copa Federación dejó la impronta entre el poco interés y la nula respuesta del equipo frente a un mediocre Tercera División. Una pretemporada apartada del modelo tradicional y que probará la capacidad de obrar y ambición de los planteamientos de Claudio Barragán y la adaptación de su plantilla de un conjunto de rasgos caracterizados a sus ideas. El Atlético Sanluqueño es un test de acción y efecto de reválida. Este sistema de competición exige una conjura porque admite pocos errores.

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