Como decíamos ayer (para una vez que acertamos…), no había que pasar por Harvard para saber que el polvorín del Decano iba a estallar más pronto que tarde fuera el equipo colista o viviera en la parte alta de la tabla. Se veía a leguas, así que si ninguna de las tres patitas que gobiernan el club (el cómodo y mudo jefe de Eurosamop y sus curiosos adláteres, el consejo de administración y el Ayuntamiento de Huelva, en mucha mayor medida este último por ser propietario) ha querido apagar la mecha a tiempo, que apechuguen con las consecuencias del estallido. Y créanme que una de las cosas que más coraje me da la situación del Decano es aquella que parece -repito, parece, no que sea así- que llena de argumentos a los que llevan diciendo, desde hace dos años, que el actual consejo de administración es como ese condenado, del que ni quiero acordarme, por los continuos problemas de impagos y por los ya habituales bloqueos de cuentas. No, no son lo mismo ni de lejos, pero eso no quita responsabilidad alguna por reacción tardía u omisión. Los focos, para lo bueno y para lo malo, siempre apuntan al palco como las derrotas lo hacen a los banquillos.

Dicho lo cual, otra ronda de cuestiones: ¿quién ha diseñado la maravillosa táctica que ha desaprovechado por completo esa ola de unión e ilusión impagable que fue Líberos del Decano? ¿Por qué los máximos dirigentes del Ayuntamiento y del club, sabiendo todo lo que hay detrás, no se reúnen de forma casi diaria para tener prevista hasta la respiración del último empleado y tratar de evitar así los previsibles contratiempos? ¿Se ha molestado alguien con muchísimo mando en plaza (no valen enviados subalternos por muy recreativistas que estos sean y por mucho corazón que pongan) en ofrecer a las empresas fuertes asentadas en la ciudad, en la provincia, en el puerto, etc., un plan detallado, realista, atractivo, que presente un millón de razones para que éstas pongan un cachito de lo que nos dejan en el aire y en el suelo e inviertan y den cierta estabilidad al club? ¿O se espera que eso caiga del cielo? Y, por supuesto, ¿tiene el Ayuntamiento algún tipo de solución real -y urgente- o se seguirá de parche en parche hasta el hundimiento final? Compresión porque esto nunca fue fácil, toda la del mundo; paciencia ya, poca. Y uno ansía que un líder coja el toro por los cuernos, los siente a todos y abra camino. Seguimos esperando. Seguimos buscando.

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