miguel fuentes arias. poeta

"En el verano se almacenan muchos motivos de inspiración para el otoño"

  • El profesor y escritor sevillano, afincado en Huelva, presentó ayer en Punta Umbría su poemario 'Profecía de las plazas' En su primer libro reflexiona sobre el paso del tiempo

La Casa de la Cultura de Punta Umbría acogió ayer, a las ocho de la tarde, la presentación del libro de poesía Profecía de las plazas. Su autor, Miguel Fuentes Arias, nació en Brenes (Sevilla) y es onubense de adopción desde que llegase a nuestra ciudad hace treinta años para impartir clases de lengua y literatura en los Maristas. Como otros escritores, Miguel empezó su contacto con el público escribiendo una serie de artículos para Huelva Información el verano de 2002 bajo el título Escenas cotidianas. El acto de ayer incluyó la lectura, por parte del autor, de algunos de los poemas publicados en Profecía de las plazas, lo que permitió conocer a los asistentes el contexto de su génesis, los sentimientos que inspiraron su creación, y la visión del mundo de Miguel Fuentes, un mundo distinto, un mundo mejor.

-¿Considera la experiencia periodística un buen inicio en camino de la literatura?

-Desde luego. Hay una tradición riquísima de periodismo literario, en el que el formato cerrado del artículo obliga al escritor a un afán de concisión que, a la larga, resulta muy beneficioso para la tarea del futuro escritor. Además, publicar en un periódico conlleva siempre un baño de realidad que interpela al escritor sobre las relaciones entre su mundo ficticio y el mundo fresco y vivo de la realidad circundante. Leer en un periódico artículos con el estilo irónico, penetrante, agudo, solemne, etc. propios de la mejor literatura es un placer inexcusable que nadie debería perderse.

-¿Qué es Profecía de las plazas?

-Es mi primer poemario, en el que reflexiono sobre algunos de los temas que interesan al hombre desde siempre: el paso del tiempo, la nostalgia de la infancia como paraíso perdido, la capacidad de asombro robada por la rutina de vivir, la bohemia fallida, la existencia de Dios, entre otros. Considero que el vértigo en que la vida ha resultado ser necesita una fuerte alternativa que le haga frente: no encuentro ninguna mejor que la poesía. Profecía de las plazas es también una incursión hacia el misterio del proceso creador del poeta.

-¿Las poesías, como las bicicletas, son para el verano?

-Pienso que la poesía es para las cuatro estaciones del año. Aunque, personalmente, y de manera sincera, tengo que reconocer que asocio la poesía con un tiempo más otoñal e invernal. Mi idea de la poesía mira más al interior, al recogimiento, al frío, a permanecer en casa. El verano se abre al exterior, a la luz y al fulgor de las tardes. En el verano se almacenan muchos motivos de inspiración para el otoño. Quizás sean más para el verano las bicicletas.

-¿Dónde ha encontrado la inspiración para su primer libro de poesía?

-En los acontecimientos que nos marca nuestro propio y singular itinerario vital. En la memoria que nos filtra aquellos episodios que vivimos. En la soledad, en el amor. En las palpitaciones del espíritu.

-¿Cuál es el autor que más ha influido en su estilo?

-Bueno, no es fácil responder a esa pregunta con exactitud. Uno no sabe con precisión quiénes se encuentran ocultos bajo sus versos. Pero si tuviera que nombrar a uno, le diría que Antonio Machado. Mis versos rezuman una melancolía muy machadiana. Lo digo sin vanidad, por supuesto. Y, cómo no, Bécquer.

-¿Qué prefiere, la poesía o la enseñanza?

-Pues, en verdad, probablemente no podría yo concebir ya la una sin la otra.La docencia es para mí una auténtica vocación y un regalo absoluto. Lo que ocurre es que, salvo algunas clases contadas, la docencia es hoy una carrera frenética para acabar con un temario del que los alumnos van a examinarse. Es muy difícil sustraerse a esta esclavitud, más burocrática que puramente literaria. Esto ahoga la literatura. Tampoco corren buenos tiempos entre los jóvenes para la inspiración poética o literaria. A veces, ocurre el milagro de una clase donde hemos comentado a algún autor o alguna de sus obras y se produce el hechizo de la literatura a flor de piel. La escritura poética es un encuentro contigo mismo, una permanente pregunta sobre el mundo.

-En su experiencia docente, ¿qué evolución ha notado en los jóvenes?

-Si tuviera que responder a esta pregunta con una sola palabra, esa palabra sería naturalidad. Los alumnos y alumnas de hoy se muestran más naturales, más espontáneos, que los de hace 30 años. Hay menos rigor en las relaciones. Claro, esos comportamientos están muy cerca de actitudes disruptivas. Pero antes también las había. Más diferencias he notado en las familias. Hay hay menos conciencia entre los padres de que se tienen que involucrar en la educación y la formación de sus hijos. El maestro tendría que recuperar el terreno perdido como autoridad moral. Claro, igual que el padre. Ya entramos en el terreno de la sociología.

-Un argumento para que los jóvenes lean más.

-Te daría varios argumentos. En la literatura puedes vivir aventuras y personajes que en la vida no te va a dar tiempo, o sería muy arriesgado vivirlas. Despierta tu imaginación hasta límites insospechados. Te permite acceder al interior de tu alma y conocerte mejor a ti, y a los que te rodean. Desarrolla la capacidad de expresión y de léxico. Puedes encontrar en algunas páginas de algún libro una suerte de salvavidas en momentos críticos de tu existencia.

-¿Son los tiempos de internet malos tiempos para la lírica?

-Podría responder a esta pregunta con los versos becquerianos de la Rima IV, cuando el poeta afirma: "Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. Mientra haya misterio, amor, belleza, sentimiento, búsqueda del sentido de la vida, habrá poesía". Lo que me parece enemigo de la poesía es el vértigo descontrolado por vivir, sin pararnos a pensar por el sentido de los instantes en que consiste la vida. Internet es una auténtico instrumento para acceder al conocimiento, a las palabras recitadas por el propio escritor, a imágenes, músicas. Bien utilizada, la herramienta de internet potenciaría la creatividad de cualquiera. El problema es la intención con que nos conectamos a la red.

-¿Ha empezado a escribir su segundo libro?

-Medio millar de versos lo contemplan.

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