Cultura

"Para la travesía del salmón se necesitan agallas y resistencia"

  • El poeta jienense, que este año ha regresado a las librerías con una reedición aumentada de 'Una verdad extraña', hace un repaso a su poesía y a la poesía que se hace en la actualidad

De Manuel Ruiz Amezcua (Jodar, 1952) cuenta Antonio Muñoz Molina que "ha realizado una carrera tan tenaz y rigurosa como desasistida de cualquier clase de reconocimiento público". Su paisano y amigo resume perfectamente la carrera de este autor, que críticos como Víctor García de la Concha califica como "impermeable a la moda". Infatigable en su esfuerzo, el jienense regresa con una reedición de su poesía completa, publicada por Comares.

-En el prólogo de Una verdad extraña (Poesía 1974- 2018), Carlos peinado Elliot, profesor de la Universidad de Sevilla, asegura que su obra "nada a contracorriente". ¿No le han dado ganas de dejarse arrastrar por las aguas? ¿A quiénes más englobaría en este colectivo?

"Las corrientes dominantes tratan de acapararlo todo, quieren un pensamiento único"La literatura que me interesa se interesa a su vez por las ideas y no en las ideologías"

-No soy el único. La travesía del salmón tiene una larga tradición en la cultura. En todas las épocas la han hecho algunos. Para eso se necesitan muchas agallas y una gran capacidad de resistencia contra las corrientes dominantes y de época, muy relacionadas con la moda al uso. Estas corrientes dominantes tratan de acapararlo todo, quieren un solo pensamiento y esa es una tarea imposible, incluso en las dictaduras. No pueden dominarlo todo, pero lo intentan. Como hay mucho sumiso deseoso de ser sometido y colonizado, las corrientes imperantes acaban hinchándose, y acaban reventando, como los granos de pus. El pensamiento, las ideas, necesitan renovarse, regenerarse, mezclarse. Y eso tiene mucho que ver con la disidencia. Siempre que existe algo con excesivo poder, surge algo que se le opone y crea una nueva verdad, una verdad extraña, distinta a la oficial, a la que intenta dejar desnuda y en evidencia. Muchos filósofos, Camus entre ellos, piensan que el mayor valor de un intelectual, de un pensador, de un poeta, consiste en oponerse al discurso imperante de su época. Y crear otro distinto al de la ley seca del pensamiento de la casta sacerdotal del parnasillo de turno. A esta en lo de carrera literaria sólo les interesa la primera palabra.

-En 2014 publicó Del lado de la vida en Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Este volumen, ya agotado, es una antología de su poesía prologada por Antonio Muñoz Molina. En 2015 sacó un nuevo libro de poemas, Palabras clandestinas, en la editorial madrileña Huerga y Fierro. En 2016, también en Galaxia Gutenberg, recogió toda su prosa: Lenguaje tachado. Esta obra de 600 páginas tiene muchos ensayos literarios, desde la Edad Media a nuestros días. En 2017, en la editorial Comares, editó toda su poesía en un libro de casi 900 páginas. Ahora, en 2018, acaba de salir la segunda edición, corregida y aumentada con poemas inéditos de un próximo libro. Después del sprint de los últimos años, ¿qué nuevos proyectos le quedan entre manos?

-Antes de que acabe este año me gustaría publicar una nueva edición (ahora de 1000 páginas) del volumen que recoge todo lo que se ha escrito sobre mi poesía desde 1974 hasta hoy, con edición e introducción de José María Balcells, catedrático de la Universidad de León y especialista en poesía española contemporánea. En 2019 quiero publicar la tercera edición de Una verdad extraña (Poesía 1974-2019). Y antes de que acabe ese año me gustaría sacar un nuevo libro de poemas, que acabo de terminar. Por trabajar que no quede, aunque esto en España, hoy, sirve de poco. Ahora hablaremos del tema. Si quiere usted, detenidamente.

-¿Se identifica más con la poesía metafísica, como califica su producción el crítico y profesor de la Universidad de Granada Miguel Ángel García, o con poesía política y social, como afirma el catedrático de la Universidad de Virginia Juan Cano Ballesta?

-Carlos Peinado Elliot, autor del prólogo a toda mi poesía Una verdad extraña, al que usted ha citado ya, estudia los nueve temas más frecuentes en mis poemas: los de abajo, luz de la palabra, espacios del mundo, el amor y sus demonios, soledades, la muerte: su guarida, la sátira, la huida y las caras de lo sagrado. En todos ellos procuro mostrar las distintas caras de la realidad, sobre todo aquello en lo que ya cayeron los griegos: toda cosa está preñada de su contraria, que decía Heráclito. Esto afecta a todos los órdenes, y a todos los temas de la vida. La Literatura que a mí me interesa procede como la misma vida, procura no ser sectaria, se interesa a su vez por las ideas, no por las ideologías. Procuro abordar este mundo nuestro en todas sus dimensiones: de tejas para abajo y de tejas para arriba. Mirar a las estrellas se enriquece mucho si has observado antes el fondo del pozo. Un poeta, un artista, un pensador, no pueden olvidarse de las realidades, pero tampoco de los símbolos que enriquecen esa realidad. Y esa es una de las carencias, y de las tragedias, de la poesía española de las últimas décadas. Con alguna que otra excepción, claro. Como la poesía de José Ángel Valente, o la de Antonio Colinas, por ejemplo. Decía hace poco Caballero Bonald en una entrevista que se han olvidado hoy los poetas del poderío verbal, de la capacidad de las palabras para hacer grande un poema. Y todo esto tiene mucho que ver con la atención, el trabajo, la reflexión. Se están olvidando de estas cosas. Creen que todo vale. Si todo vale, nada vale. Y como todo es uno y lo mismo, a la excelencia se le da el cerrojazo del silencio, en la enseñanza y en la cultura.

-Antonio Muñoz Molina, en el prólogo a Del lado de la vida, hablando de su poesía amorosa, dice que su libro Atravesando el fuego "significa el pleno despliegue de esa nueva respiración poética, más ancha, por primera vez abarcadora del yo y del otro, el yo del que clama en el desierto y el yo volcado al tú del enamoramiento y la pasión erótica". El texto es impresionante. Quisieran tenerlo muchos.

-Bueno, Muñoz Molina ha escrito en cinco ocasiones sobre mí. Le estoy muy agradecido. Es un gran lector de poesía, y la mía la conoce muy bien, desde 1974. Esos trabajos han sido reunidos en un volumen por el profesor de la Universidad de Jaén Manuel María Morales Cuesta: La poesía de Ruiz Amezcua vista por Antonio Muñoz Molina.

-¿Ha escrito usted mucha poesía amorosa?

-Sí, mucha, de amor y de desamor; pero la poesía amorosa no se acaba en el mundo de la pareja. Le he escrito muchos poemas a la memoria de mi madre, a la de mi padre, a la de amigos y amigas y a la de muchos familiares queridos. Incluso tengo un poema dedicado a mi perra. Y también a ciudades que me han llamado la atención, y a pintores, escultores, arquitectos, fuentes, plazas… El otro día terminé uno sobre la Sinagoga del agua, de Úbeda.

-También dedica un poema nuevo a Juan de Loxa: En Granada, en su Granada. ¿Cree que se le hizo justicia en vida?

-Respecto a lo que usted me pregunta de si se le ha hecho justicia a Juan de Loxa en Granada, he de decirle que no. Que este asunto está pendiente. Y le diré por qué. Juan fue un agitador cultural extraordinario, que entregó a Granada lo mejor de su vida, su pasión por todas las artes, sobre todo por la poesía. La Casa Museo Federico García Lorca de Fuentevaqueros no sería la misma sin él. Contribuyó bastante a difundir todo lo relacionado con Federico y su mundo. Quedan muchos que pueden atestiguarlo. Y tuvo una cualidad rara en el mundo de la poesía: no era sectario, procuraba siempre que todos tuviéramos voz, incluso en Granada, dominada desde hace tantísimos años por una secta poética implacable, e irredimible, en su dogmatismo. Quien lo probó lo sabe. Durante los seis años que fui profesor en Granada (2003-2009) fueron contadas, casi inexistentes, las veces que pude leer mis poemas allí. Recuerdo que, en 2005, recién publicado mi libro Contra vosotros, Juan de Loxa me invitó a la Casa-Museo de Fuentevaqueros. No sólo conocía el título del libro, también había leído lo de dentro. Y se atrevió, y me invitó. Testigos fueron los que allí estuvieron. Gracias por tu amistad, Juan. Siempre que voy a Madrid, o a Granada, te echo de menos. Era un placer hablar contigo.

-Habla de una ciudad dominada por una "secta poética implacable" y dice que "quien lo probó lo sabe". También tiene varios poemas sobre este tema.

-Parece mentira que una ciudad, con una Universidad cinco veces centenaria, haya permitido tanto desmán cultural a lo largo de la historia. Federico García Lorca también escribió sobre este asunto. Y muchos más. Todos coinciden en varias cosas, pero sobre todo en una: su obsesión por olvidar a los mejores y elevar a los mediocres. Entre estos últimos siempre hubo en todas las épocas algún escritor que buscó toda su vida el refugio del poder, del poder político, claro. Granada es una tierra que también ha dado al mundo varios ejemplos de escritores capaces de crear un mundo propio. Esto, como dijo Caballero Bonald hace poco, es una máxima irrebatible en literatura. Esto engendra, también, mucha envidia y mucho odio. Y no son necesarios más detalles… Y, si necesarios fueren, se darían.

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