Cultura

Un tiempo sin tiempo

  • Cátedra analiza en una antología la evolución de la ciencia ficción en España, una propuesta que abarca desde Azorín hasta Muñoz Rengel o Félix J. Palma

VV. AA. Ed. Julián Díez y Fernando A. Moreno. Cátedra. Madrid, 2014. 516 páginas. 15,70 euros

Una de las consecuencias inevitables de cualquier antología es su necesidad de selección y criba. Selección que en el caso que nos ocupa, atiende a un doble criterio: el de los autores que, a juicio de los editores, más destacan en el género de la ciencia ficción española; y el de aquellos que, dentro de dicha nómina, poseen obra breve, además de obra novelística. A esto debe añadirse que el presente volumen no es sólo una recopilación de textos, sino que pretende ser una breve antología que muestre y ejemplifique la historia de la ciencia ficción en nuestro país. A este respecto, las páginas introductorias de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno cumplen sobradamente con la labor impuesta. Una labor, en cualquier caso, que exige una definición previa de la ciencia ficción, y a la cual se aplican los editores para deslindarla de otros géneros igualmente fantásticos, pero en los que la verosimilitud científica, el futuro tecnológico del mundo, no ocupa un lugar preemiente en el relato.

En este sentido, es posible advertir una evolución del propio concepto de cientifismo que se halla inserto en las obras seleccionadas. Desde la ingenuidad decimonónica de Nilo María Fabra, en la que el influjo de Jules Verne y H. G. Wells es todavía visible, hasta el retrofuturismo de Juan Jacinto Muñoz Rengel, lo que media es cierta concepción del tiempo, del pasado, de la propia Historia, que podríamos llamar posmoderna y que viene estrechamente vinculada al grado tecnológico de las sociedades que aparecen retratadas en tales relatos. Quiere decirse con esto que mientras en Verne se da un fuerte concepto histórico del progreso, donde las máquinas obran en favor de una mejoría de las condiciones humanas, en la ciencia ficción del XX (véanse las utopías de Huxley y Orwell) el avance científico viene asociado ya a una angustiosa y eficaz vocación de dominio. Un dominio que se dirime con preferencia en el ámbito de la cultura, de la Historia y del nivel de conocimiento de las poblaciones sojuzgadas, y que señala, por tanto, a un adanismo inverso donde el nuevo Paraíso utópico se basa, no en las aptitudes del hombre, sino en una sistemática y organizada ignorancia de la población sojuzgada. Así ocurre con buena parte de los relatos incluidos en la presente antología, y así se deduce del breve relato firmado por Azorín, El fin del mundo, donde una humanidad exánime contempla su extinción con gesto melancólico.

Por otra parte, si en estos relatos más o menos apocalípticos la Historia es un concepto ausente, laminado por el progreso científico, en el relato de Muñoz Rengel la Historia se ofrece ya como simple material literario; vale decir, como documento maleable, al servicio de una fantasía futurista, ambientada sin embargo en el pasado. Pero no en un pasado elegido al azar, sino esa parte del XIX que alumbrará la segunda revolución científica, y de la que nace, en buena medida, la propia science fiction. Son varios los autores españoles que se han adscrito a esta corriente del steampunk o retrofuturismo (el lector curioso de estos asuntos puede acudir al blog de Matt Novak, Paleofuture), entre los cuales cabría destacar, además de Muñoz Rengel, a Albert Sánchez Piñol, a Félix J. Palma y Luis Manuel Ruiz. En todos ellos, junto a la calidad literaria, es visible esa tendencia a mixtificar el ayer, a especular con sus posibilidades, y cuya consecuencia más obvia tal vez sea la de alejar y desdibujar los perfiles netos del presente.

Ésa es, a juicio de los editores, la labor última de la ciencia ficción: retratar la sociedad actual y adivinar sus corrientes ocultas mediante la prospección literaria del futuro. Un futuro nada alentador en la mayoría de los casos (estupendos relatos de César Mallorquí, Juan Miguel Aguilera y Elia Barceló), y donde los logros más conspicuos del ser humano son también su mayor y más cierta amenaza.

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