marta robles. escritora y periodista

"Todos tenemos secretos en la trastienda"

  • En 'La mala suerte', la madrileña utiliza la historia de la desaparición de una joven para reflexionar sobre la paternidad y los peajes que se llegan a pagar para tener descendencia

Marta Robles, fotografiada ayer en Sevilla, donde promocionó su novela 'La mala suerte'. Marta Robles, fotografiada ayer en Sevilla, donde promocionó su novela 'La mala suerte'.

Marta Robles, fotografiada ayer en Sevilla, donde promocionó su novela 'La mala suerte'. / víctor rodríguez

En La mala suerte (Espasa), la nueva aventura del detective Tony Roures tras A menos de cinco centímetros, la escritora y periodista Marta Robles (Madrid, 1963) toma como premisa el caso de la desaparición de una joven en Mallorca para reflexionar, entre otros asuntos, sobre las circunstancias de la paternidad y qué peajes se llegan a pagar por el anhelo de tener descendencia.

-Dedica el libro a los desaparecidos, pero también a los allegados, "siempre examinados hasta el último detalle, como si fueran culpables".

A mí me funciona, para dar verosimilitud a mis obras, apuntalar historias de ficción con datos y hechos reales"

-Se producen miles y miles de desapariciones en el mundo y muy pocas llegan a resolverse, y a la pena terrible de perder a alguien, a la incertidumbre de no saber qué ha sucedido con él y el horror de no poder enterrarlo, hay que sumar ese foco mediático que alumbra a los familiares de las víctimas y que no les saca precisamente guapos. Ninguno de nosotros saldría favorecido si nos examinaran de ese modo, porque todos tenemos un secreto en nuestra trastienda. Los allegados resisten estoicamente ese foco porque desean que se continúe hablando del caso y que la investigación siga.

-En el primer encuentro entre los dos personajes, Roures le pregunta a la madre de la chica desaparecida por qué todos los padres ven tener descendencia como un acto de generosidad, y ese debate está muy presente en el libro.

-Sí, hay una reflexión sobre qué estamos dispuestos a hacer para ser padres o madres, y si el hecho de tener hijos es un acto de generosidad o, por el contrario, de egoísmo. En ese encuentro, Roures le dice a Amanda que no es imprescindible tener hijos para ser feliz ni para ser mejor persona.

-En esta nueva aventura del detective Roures, el lector lo conocerá en una esfera más privada.

-Sí, presento a su familia y a través de ella vamos a saber detalles de él en los que no habíamos reparado. Por otra parte, esta es una historia de mujeres fuertes, potentes, no necesariamente modélicas, sino buenas, malas y regulares, de carne y hueso. Aquí va a haber una mujer con mucha determinación con la que Roures va a vivir una pasión, algo que provoca que el personaje se vuelva más vulnerable y no pueda pensar en otra cosa. Él, como corresponsal, vivió la guerra, y en este libro se recuerda el conflicto de los Balcanes, pero la novela retrata también al detective en otra faceta en la que resultará más cercano para los lectores, en su cotidianeidad.

-Ha hablado antes de la vulnerabilidad. La adolescencia es un período especialmente proclive a ella, y usted le presta atención en la trama.

-Me interesaba abordar los malos tratos y abusos que se dan en la vida de las personas, pero que no se consideran como tales y que quedan ocultos. En este aspecto, me ha costado mucho el retrato de la adolescencia. Suele pasar que chicos y chicas, por lo que sea, por inseguridad, porque no reciben atención en su entorno familiar o se sienten distintos en el colegio, caminan por el filo de la navaja y se encuentren con situaciones muy delicadas para ellos. Conecto eso con la reflexión sobre la paternidad que tiene el libro.

-En la novela plasma una realidad muy reconocible: da nombres de personajes reales y de lugares que los lectores pueden identificar fácilmente.

-Hay determinadas maneras de escribir: una en la que puedes crear un mundo irreal, inventado, aunque en realidad lugares como Macondo acaban siendo muy localizables, y otra que consiste en recurrir a escenarios que el autor conoce bien para que el lector se sitúe. A mí me funciona, para dar verosimilitud al relato, apuntalar historias de ficción con datos reales. En esta obra describo detalles como ese calor húmedo que tiene Mallorca, para que quien viva o haya viajado allí reconozca eso.

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