Rocío Márquez. Cantaora

"No quiero percibir el flamenco como una cadena que me ate ni que me limite"

  • La artista onubense, que comparte con Poveda el honor de haber conquistado los cuatro primeros premios y la Lámpara de Las Minas, se considera una cantaora "un poquillo" atípica.

-La pasada semana clausuró los encuentros del Centro del Profesorado de Cádiz. No sé cómo ha resultado la experiencia.

-Me fui encantada, feliz, porque han hecho un trabajo precioso y para mí, no como cantaora, sino como aficionada al flamenco, ver este empeño tan grande en que ese arte llegue al alumnado y trabajarlo de una manera tan transversal, me emociona mucho.

-¿Hace falta que el flamenco tenga más presencia en el currículo escolar?

-Es necesario. Soy de la opinión de que el conocimiento da libertad, así que siempre resulta positivo poner todas las herramientas que podamos en manos de nuestros niños. Cuando trabajo en Francia, por ejemplo, asociados a los conciertos suelen pedirnos charlas con colegios o institutos cercanos, así se aprovecha para poner en contacto a los chicos con los artistas, dejarlos que pregunten lo que quieran y compartir juntos un rato.

-¿Cómo la Rocío niña llegó al flamenco?

-En mi casa nadie se había dedicado profesionalmente al flamenco aunque mi madre canta muy bien, y mis primas, y mi abuelo regentaba una taberna y también cantaba muy bien, así que es verdad que lo he sentido cercano siempre. Pero fue con 8 años, bastante pronto, cuando empecé a ir a la peña flamenca de Huelva y allí fue donde aprendí los cantes de una manera más ortodoxa.

-Después se cultivó con formación clásica, ha estado en el Conservatorio, ha buceado en otro tipo de músicas... ¿Por qué se quedó con el flamenco?

-Porque el flamenco me emociona mucho. Es el arte que más me transmite y el que siento en mi raíz pero también te digo que el flamenco es mi punto de partida pero no quiero nunca percibirlo como una cadena, como algo que me ate o me limite.

-¿Se siente una cantaora atípica?

-(Ríe) Un poquillo, un poquillo... Pero es cierto que también están variando muchas de las ideas que se tenían sobre el flamenco. Ahora ha pasado a formar parte del Conservatorio, está llegando a la Universidad, al doctorado... En fin, que empieza a integrarse en los planes de estudio y a sentirse de otra manera, con sus consecuencias positivas y otras menos, cada uno tiene su opinión, pero sí me parece que no podemos darle la espalda al momento actual en el que estamos viviendo y a las posibilidades que el hoy nos regala. Al flamenco, como arte vivo que es, hay que permitirle esa evolución y que se desarrolle en los ámbitos en los que hoy en día son reales. No podemos vivir una imagen romántica, que ya no existe, del flamenco.

-¿Hay personas empeñadas en erigir como único y verdadero el flamenco de las duquelas?

-Yo no creo que exista un único flamenco verdadero, existen tantos flamencos verdaderos como flamencos existamos, si cada uno nos comprometemos a cantar nuestra verdad, si cada uno cantamos y contamos nuestra historia en primera persona porque no todos hemos vivido las mismas experiencias. A mí esto me parece algo bello, no le quita jondura. Lo esencial es que exista una coherencia entre lo que uno es y lo que uno da.

-¿Se entiende eso en según qué ambiente?

-(Ríe) Bueno... Esto es como todo... El arte es muy subjetivo y hay que respetar todas las opiniones y yo intento practicar eso, el respeto máximo, entendiendo que cuando una se expone y saca un poquillo los pies del plato en algunas ocasiones gustará y en otras no, y no pasa nada, por eso no valgo ni más ni menos.

-Vanguardia y tradición, ¿cómo hace el guiso?

-No creo que sea algo muy consciente... Me gusta mucho formarme, aprender los cantes de una manera bastante ortodoxa pero, una vez interiorizados, intento desaprenderlos para sentirme más libre. Aprender para desaprender para ser libre, sí, eso hago.

-Usted actuó en París, en el Théâtre des Bouffes du Nordal, días después del atentado en Bataclan. ¿Cómo vivió aquello?

-Pues creo que ha sido el recital más especial de mi vida hasta el momento. El teatro está en el mismo distrito de la sala y el gerente del coliseo es el mismo que el de Bataclán, así que estábamos todos muy emocionados. Estábamos todos a flor de piel, abiertos en canal. Estábamos sensibles y receptivos por parte y parte (artistas y público) que es lo esencial para que se produzca la conexión. Porque, al final, hay que olvidarse de los estilos, de la estética y, simplemente, sentirte un canal para que el cante pase, y transmitirlo. Y eso llega a su máximo apogeo en momentos así.

-¿Ha sido un canal del cante de Marchena en 'El Niño' o quería usted estar presente?

-Fíjate lo de trabajar alrededor de su figura me ha interesado mucho por lo que hablábamos antes, por la libertad. Cuando empezamos a hacerlo grabamos once cante seleccionados por Faustino Núñez de la parte más clásica y estaba encantada con este trabajo pero necesitaba una parte más creativa para que no se me quedara cojo porque, ¿cómo haciendo un trabajo alrededor de una figura tan creativa nos íbamos a quedar en una reproducción de lo que ya había hecho? Ahí es cuando empezamos a reproducir su proceso de creación. Por citar un ejemplo, la rosa, si él cogía el texto de los Álvarez Quintero pues nosotros buscábamos otros textos de otros autores pero con la misma temática. Lo que hemos intentado es fantasear cómo él pudo llevar a cabo el proceso.

-Ahí el entendimiento con Refree habrá sido importante

-Definitivo, como la aportación de Pedro G. Romero también. Con Refree, por cierto, estoy trabajando en el próximo trabajo que surge un poco de un proyecto que hicimos como actividad paralela a la ópera El Público de Mauricio Sotelo.

-¿Cuál es el mayor aprendizaje que se lleva de 'El Niño'?

-Quizás lo que más he aprendido en este trabajo es a permitirme ser yo. Como él se permitía esa licencia de una manera tan arrebatadora... A mí es lo que más se me ha quedado, permitirme ser yo, sin complejos y sin etiquetas.

-¿Se siente una creadora?

-Uff... Son palabras mayores, no me arriesgaría a autodeterminarme de ninguna manera.

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