En directo Los fallecidos eran "tres buenos estudiantes con vocación social"

Historias del Fandango

De la playa las arenas

  • El diestro Juan Belmonte era un buen aficionado que solía cantiñear fandangos de Huelva y soleares de su barrio de Triana. Seguimos recorrido por el toreo y el flamenco

Juan Belmonte. Foto de Julio Derrey, Mundo Gráfico, 1926.

Juan Belmonte. Foto de Julio Derrey, Mundo Gráfico, 1926.

Juan Belmonte practicaba el flamenco con estilo.  Su amigo Paco Sancha describía en La Voz los momentos en que estaba en el hotel concentrado, antes de vestirse para torear, tumbado sobre la cama con un batín de seda a cuadros, en silencio, porque era de muy poco hablar antes de la corrida, aunque con el cuarto siempre lleno de amigos.”¿Qué hora es, Antonio?, pregunta. “Vamos, Juan, vístete, hijo, que ya es hora”, le contesta su mozo de estoques. Comienza el ceremonial, con sus estampas de la Virgen, su pequeño santuario de religiosidad sobre la mesa… Y mientras le van poniendo la faja, canta a media voz: “De las playa las arenaaaas…”. El fandango de La Parrala, que ha aprendido de su amigo Tomás Pavón, que va mucho por Triana con Manolo de Huelva, a escuchar cantar a Cagancho, o se encuentran en fiestas privadas. Belmonte tiene buena relación de amistad con los Pavones. Ahora, concentrado antes de salir para la plaza, hace solo un esbozo de los primeros tercios del fandango que nunca llega a terminar.  Se escribió que Belmonte toreaba por soleares, soleares de su Triana: “Zapatitos blancos. Ni son tuyos ni son míos. De quién son estos zapatos”.  Luego, tanto al salir a la arena como al acabar su actuación, besaba la imagen de la Virgen en su marquito de piel. “ Si vas a la mar y cuentas…” 

Después de la corrida

Tras acabar una corrida, era bastante habitual que la gente del toro se esparciera en un espectáculo flamenco que a veces protagonizaban ellos mismos. Ya vimos a Mazzantini y su cuadrilla la pasada semana.

1880.04.08. La Ilustración Española y Americana. 'Después de la corrida, fiesta de toreros', cuadro de Villegas, dibujo de A. Perea 1880.04.08. La Ilustración Española y Americana. 'Después de la corrida, fiesta de toreros', cuadro de Villegas, dibujo de A. Perea

1880.04.08. La Ilustración Española y Americana. 'Después de la corrida, fiesta de toreros', cuadro de Villegas, dibujo de A. Perea

Detengámonos en el ambiente de un café cantante. Crónica de Nicolás de Leyva. Barcelona, 1886. Interior noche. Lleno a rebosar. Muchos forasteros se han acercado para escuchar el cante y el baile flamencos y para ver a la gente del toro. Varias mesas cerca del tablao están ocupadas por la  cuadrilla. Botellas de manzanilla en las mesas. Suenan la guitarra y las palmas a compás. El humo ocupa todo el espacio. Camareros atendiendo a las mesas. Murmullo de conversaciones. Atención.

1886.06.19 La Ilustración Ibérica 1886.06.19 La Ilustración Ibérica

1886.06.19 La Ilustración Ibérica

La Asunción baila por tangos, con la cabeza levantada y los ojos chispeantes. El cronista se fija  en sus caderas ondulantes, en el movimiento de sus manos, en la mirada…, la describe casi como una escena erótica. Uno de los toreros ofrece a la bailaora una caña cuando acaba su número. Le ha cantado Concha, cuyo novio Curro, “gitano de  raza y de profesión”, vigila en silencio desde una esquina. Entre los toreros, uno dice que el toro desparramaba y otro le replica que “tú no clava banderiyas a una cabra”.  “Lárgale una caña al Curro, que se le vayan lo achare”. Curro y el cantaor Gilguero se enfrentan por cosas de amores y celos. Amenazas, sillas que caen, botellas que se rompen, sujetan al Curro que le ha dado una bofetada a Concha. La situación se calma al cabo de un rato, el guitarrista toca de nuevo y Concha le canta a su novio por soleá:

Tiro piedras por la calle

A quien le dé que perdone.

Tengo la cabeza loca

De tantas cavilaciones.

“Una hora después, el Curro sale del café dando el brazo a la Concha”.

Silverio en Uruguay

Flamenco y toros, como venimos viendo, han ido siempre de la mano, tanto en España como en Sudamérica y otros países.  En algunos casos, fue así porque hubo algún protagonista de notable personalidad artística que  ‘inoculó’ su afición. Es el caso de Uruguay, donde ambas aficiones echaron raíces y fueron abonadas por el inconmensurable cantaor  Silverio Franconetti que, como se sabe, ejerció de picador y más tarde de militar durante su estancia. Silverio permaneció en Uruguay desde 1856 hasta 1864 y, sin duda, sembró una afición al cante que es la que reconocía, tres décadas más tarde, la revista España y América.

1892.12.04 España y América 1892.12.04 España y América

1892.12.04 España y América

Los cambios sociales

Pero los cambios sociales influyen en los comportamientos y las grandes transformaciones de los años 20 del siglo pasado, con cambios en la escala de valores, nuevos inventos y motivos para el ocio, hicieron mella en esa relación tan estrecha. A finales de la década, el flamenquismo, entendido como tiempo atrás,  ya apenas existe. Ya no es tan codiciado el trato con los toreros, ni vestir a lo chulapón como en los tiempos de Juan Breva.

1928.11.21 La Voz 1928.11.21 La Voz

1928.11.21 La Voz

Desde dentro, ya apuntó los cambios el diestro Luis Mazzantini, bachiller en Artes de elevada formación cultural y gran personalidad humanista, cuando sus amigos le despidieron con un banquete antes de su viaje a La Habana. En una alocución de mucho contenido de pensamiento, dibujó todo un cambio de paradigma manifestando que “los toreros no necesitan ser flamencos –en su sentido canalla- ni vivir en orgías y andar en bullas escandalosas” .

1918.10.05 ABC Madrid 1918.10.05 ABC Madrid

1918.10.05 ABC Madrid

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