Fila siete

Una obra de culto

Otro clásico en la Gota de Leche. Desde la más destacada referencia del cine francés: el imprescindible Jean Renoir -de quien fuera ayudante el director que hoy nos ocupa-, pasando por la ruptura de la sintaxis de Jean Paul Godard, las nuevas estructuras del tiempo, el "cinema verité", hasta la "nouvelle-vague", auténtica revolución en la cinematografía del vecino país, nos encontramos con una figura notable es Jacques Becker, uno de los pocos cineastas franceses contemporáneos, no sólo respetado sino admirado por los llamados "jóvenes turcos" de la prestigiosa revista 'Cahiers de Cinéma', que con François Truffaut a la cabeza es calificado como auténtico "autor".

Poco antes de que surgiera esa nueva ola del cine galo París, bajos fondos era una película considerada como la mejor obra en la filmografía de este realizador. Había sido un viejo proyecto alentado en 1939 por Julien Duvivier, otro maestro del cine negro. La II Guerra Mundial frustró la idea. De nuevo fracasó otro nuevo intento en 1946 fraguado por el propio Jacques Becker, e igual ocurriría con el empeño de directores tan prestigiosos en el género como Yves Allegret y Henri- Georges Clouzot. Por fin con el decidido apoyo del famoso productor Raymond Hakim, cristalizó con éxito en 1952. Ello dio como resultado lo que se considera una de las más bellas, poéticas y trágicas historias de amor y amistad, aunque también de traición y venganza, del cine europeo, inspirada en un hecho real de la crónica judicial ocurrido en 1900.

En el bohemio barrio de Montmartre, París, Manda, un humilde carpintero, se enamora de Marie, una joven y bella prostituta explotada por su novio, Roland. Manda recurre a Leca, jefe de banda de delincuentes a la que pertenecen Roland y Marie. Pero Leca también esta prendado de la chica, y con tal de conseguir su amor, es capaz de todo, incluso de traicionar a sus compinches. A partir de estas rivalidades y enfrentamientos por el amor de la atractiva protagonista, se sucederán engaños, arrestos, huidas y frustraciones, que conducirán a un final donde se produce uno de los momentos memorables del film, que lo han convertido en una auténtica obra de culto, una inolvidable "chef-d´oeuvre", si utilizamos un concepto muy francés.

Pero si hay algo, entre tantas virtudes como contiene esta película, que se debe destacar, es esa espléndida recreación del París de la época y en la cautivadora reconstrucción de un tiempo que ha quedado grabado en la memoria visual a través de pinturas impresionistas del propio arte pictórico y de la literatura naturalista. Por ejemplo los grabados del 'Petit Journal Illustré' o las novelas y seriales de Pons du Terral o Maurice Leblanc. Pero esto en cuanto a los valores plásticos o estéticos. Son muchos otros los que acumula París, bajos fondos, con abundancia de secuencias memorables. Entre ellas la escena bucólica, que parece evocar Le déjeuner sur l´herbe, del pintor Pierre Auguste Renoir, padre del realizador citado al principio, donde los enamorados disfrutan mirándose ajenos a la conspiración que se cierne sobre ellos. En suma una sutil y rutilante mirada al llamado realismo histórico. Una pieza maestra.

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