Cultura

La importancia del guión

Lo decía Rafael Azcona, sin duda uno de los mejores y más prolíficos guionistas del cine español, en una conferencia pronunciada en la Universidad de Huelva en mayo de 2007 que tuve el honor de presentar y que nos permitió la venturosa oportunidad de gozar de su fino ingenio, de su humor inteligente y de su notable sabiduría: "La vocación que menos estimula y atrae en el mundo del cine es la de guionista". Efectivamente, es así cuando una de las disciplinas que menos número de alumnos demanda en el ámbito de las Ciencias de la Imagen es la del guión. Se ha demostrado en los últimos tiempos: a pesar de la importancia capital del guión como pieza clave de la película, la profesión ha venido a menos a marchas forzadas, sobre todo porque el guionista sigue siendo el menos valorado y, lo que es peor para su subsistencia, está muy mal pagado.

La polémica suscitada por las declaraciones de Joan Marsé, con motivo de la entrega del Premio Cervantes al escritor catalán, que escribe en castellano, cuando afirmó que el cine español adolecía de "falta de talento" y luego matizaba que "el cine español falla en la base; los guiones en general se trabajan poco". No creo que sea cuestión de dinero, pero la baja cotización económica del guionista no estimula, precisamente, la labor creativa que es otro de los problemas del cine en general -recordemos que los guionistas de Hollywood mantuvieron una larga huelga por este motivo - y del español en particular, donde los autores del guión son los peor pagados, aún siendo muchas veces los autores de la idea y de la estructura básico-literaria de la película.

Es difícil apreciar la entidad y calidad del guión, la importancia o trascendencia en la estructura narrativa de un film; me refiero a la consideración general del público, pero hay espectadores que saben estimar y distinguir que detrás de esas imágenes que están contemplando y admirando hay una base argumental sólida que guía los pasos de ese discurso explícito en la pantalla. Así se solidifican visualmente relatos tan convincentes como Gran Torino, de Clint Eastwood, guión de Nick Schenk o El curioso caso de Benjamín Button (2008), de David Fincher, guión de Eric Roth, por recordar títulos más recientes, pero también podríamos citar clásicos incunables como Sucedió una noche (1934), de Frank Capra, guión de Robert Riskin, o Blade Runner (1982), de Ridley Scott, con guión de David Webb Peoples.

Desde la perspectiva del actual cine español, tan endeble en la calidad de sus guiones, como asegura Juan Marsé, si el problema estriba en estimular a los guionistas pagándoles mejor, hora es ya de que la producción lo tenga en cuenta a la hora de cuantificar presupuestos. Es también criterio del Instituto de Cinematografía apoyar especialmente el guión, ya que según opinión del director general, es "la parte más vulnerable en el proceso de una película". Si ese es el motivo de seducción para que creadores con más talento y autores literarios de renombre se interesaran por la cuestión, no cabe duda que resultaría beneficioso un incremento en la percepción de los guionistas. Sobre todo cuando tantas veces depende del guión la financiación de una película.

Como quiera que sea la necesidad de profesionalizar como merece la figura del guionista es un capítulo a resolver en nuestra cinematografía, porque si cada uno en su misión a la hora de realizar una película no suele sufrir ingerencias de otros, la personalidad del guionista supone la parte más creativa y decisiva de la obra y debe poseer talento suficiente para que prevalezca a la hora de poner en marcha lo que se ha dispuesto en el guión, que en muchos casos es objeto de interferencias y opiniones que modifican el texto original, lo manipulan y lo trasforman a capricho del director o, la mayoría de las veces, de los productores. Con lo que el oficio peor pagado del cine es al mismo tiempo el más maltratado y menos respetado.

No vivimos buenos tiempos para las mejores ideas que no siempre son comerciales, por eso los guionistas han de adaptarse a los imponderables de las modas y a los gustos, no precisamente los más ponderados, de los espectadores. De ahí el éxito de los guionistas de las series televisivas, que triunfan, aunque, por lo general, sus guiones sean auténticos bodrios infumables. Y ello, como hemos visto últimamente, trata de trasladarse al cine, con buenos resultado taquilleros, pero con unos productos impresentables.

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