Cultura

No es el ejemplo

En esta penuria de estrenos que sufrimos en Huelva semana tras semana, donde en la última de ocho novedades cinematográficas que vieron las pantallas españolas, sólo dos se produjeron en las pantallas onubenses, capital y provincia. Entre tanto vemos como languidecen en las salas algunas películas con exigua asistencia de espectadores, característica muy significativa de la crisis económica que padecemos, al parecer sin remedio inmediato, que afecta singularmente al cine, empresas y espectadores y que, de vez en cuando solamente registra algún éxito de taquilla que, en cierto modo, tampoco es lo esperado. En este caso y como es habitual esos éxitos no se corresponden siempre a películas de contrastada calidad, que suele estar reñida con el gusto del gran público.

Curiosamente las pocas películas españolas que tienen éxito, realmente pocas, muy pocas -comprobado está que los films de más entidad son los menos taquilleros-, son aquellas, que además de recurrir a argumento lapidarios y a recursos a ras del suelo- los últimos ejemplos son tan chocarreros como Mentiras y gordas, Fuga de Cerebros y Spanish movie (ésta menos afortunada en recaudación), todas ellas realizadas y estrenadas el pasado año-, se adaptan al gusto de la mayoría más gregaria y casi siempre siguiendo los resultados de ciertas series de televisión. Ese es otro índice del bajo nivel de exigencia de la gran masa de telespectadores actuales tan dados a la inmediatez más insulsa y a la banalidad más detestable.

En esa línea campea entre las películas más taquilleras del momento Que se mueran los feos, de cuya crítica me ocupaba el pasado jueves, que conveniente y estruendosamente catapultada por la cadena de televisión que la produce con otros varios patrocinadores o coproductores, se erige como otros de los taquillazos del año. Es fácil que lo consiga porque no falla: película que la crítica reprueba, el público se apresura a verla. Nacho García Velilla, a quien le fue relativamente bien con su Fuera de carta (2008), se ha apresurado a repetir la fórmula, más o menos, con esta nueva realización, con la vista puesta en la taquilla y parece que da certeramente con la fórmula porque las cifras le están dando la razón aunque su película compita con pesos pesados tan potentes como Alicia en el país de las maravillas, Iron Man 2,El súper canguro y Furia de titanes, que, salvo las dos primeras, no son precisamente ejemplos de buen cine.

Y éste no es el ejemplo tampoco. Quiero decir que no podemos considerar la película como el mejor modelo o el epígono de la comedia española que a uno le gustaría ver. Y es que no puede hacerse una comedia con los mismo tipos redundantes, calcados, tópicos y repetidos hasta la saciedad, con situaciones reiteradas una y otra vez que hemos visto en muchas películas españolas, con unos diálogos insufribles, con una puesta en escena que reproduce esquemas de series televisivas que también resultan estereotipadas; de invariables y arcaicos diseños de realización, salpicados de figurantes en primeros planos riendo a mandíbula batiente como las risas enlatadas de algunas series o los "aplaudidores" de turno en programas televisivos donde siempre vemos a los mismos "frikis" regalándonos sus ocurrencias muchas veces maleducadas y soeces. En suma es inadmisible una comedia en este tiempo que insista en argumentos trasnochados y archirepetidos y no suponga ni originalidad, ni ingenio y no contenga ninguna ocurrencia que nos llame la atención.

Insisto no es el ejemplo. En todo caso es el mal ejemplo que no recuerda para nada a los grandes de la comedia auténticamente española, Berlanga, Ferreri, con guiones del inolvidable Rafael Azcona, incluso el llamado "subruralismo" a la española, Trueba, Colomo, Cuerda y, por supuesto, Daniel Sánchez Arévalo con Gordos (2008) y Borja Coabega con su impagable Pagafantas (2009), dos buenos ejemplos de la mejor comedia española de los últimos tiempos. Pero estoy hablando de comedias para mentes más adultas y eso, desgraciadamente, hoy por hoy no abunda en las salas.

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