firmado: mister j.

Un cocodrilo que habla

  • La novela gráfica de Toffolo se mueve entre el sueño y la realidad, iniciando un viaje al exterior e interior de la poética de Pasolini

Un imitador, probablemente un artista o, mejor dicho, "una especie de obra de arte viviente", que tiene el rostro de Pasolini y viste y habla como Pasolini se pone en contacto con Davide Toffolo, vía correo electrónico, y le pide que le vaya realizando una serie de entrevistas en diversos puntos de la geografía italiana, desde Pordenone hasta el Etna, pasando por Roma o Bolonia.

Armado con una cámara de vídeo digital, Toffolo documenta la larga y seriada conversación con el simulacro de Pasolini, cuyas palabras corresponden siempre a las que en su día pronunciara el director de Accatone y Saló o los 120 días de Sodoma, en libros de diálogos, cartas, ensayos y entrevistas en la televisión italiana o suiza. De este modo, el entrevistador -y, con él, el lector- se sumerge profunda e hipnóticamente en el universo de uno de los creadores más singulares del siglo XX. "La historia de mi vida es la historia de mis libros… porque soy escritor (…). Elegí el dialecto friulano, que para mí era lo máximo del hermetismo y, sin embargo, lo que pasó es que este dialecto me dio el gusto por la vida y por el realismo. La gente sencilla, a través de su propio lenguaje, acaba por existir objetivamente (…). Mi relación con el Estado (que representa el padre) es fecunda porque me obliga a ser protesta viviente y fuente de poesía, de pensamientos, de ideología, de vida. En definitiva, protesta viviente (…). No soy una persona triste… Creo que mi característica fundamental es una especie de alegría, una especie de levedad, que nunca consigue manifestarse (…). Me opongo violentamente a cualquier tipo de decoración. Mi ideal estético es directo, sólido y estático (…). Por desgracia no me acuerdo de la primera película que vi porque era muy pequeño. Recuerdo que estaba mirando el folleto de una película en el que aparecía una tigresa destrozando a un hombre. Obviamente, la tigresa estaba encima del hombre, pero por alguna razón desconocida, y más en la fantasía de un niño, parecía que la tigresa ya se hubiera medio tragado al hombre, y que la otra mitad se balancease entre los colmillos. Deseaba tanto ir a ver esa película… Así que esa imagen masoquista y caníbal es lo primero que se me quedó grabado… (…). La poesía no es mercancía, no se puede consumir. Es hora de decirlo: el hecho de comparar la obra con un producto y sus destinatarios con consumidores puede ser una metáfora divertida y graciosa, pero nada más. Si alguien dice en serio algo parecido, es un imbécil".

Pasolini, la espléndida novela gráfica de David Toffolo, traducida al español por Cuqui Weller para 451 Editores, bascula entre el sueño y el documento, construyéndose con inteligencia, belleza y una sensibilidad sobresaliente, desde el realismo hasta el onirismo, con imágenes inolvidables como la de la loba de Roma transmutada en pitbull, el cocodrilo africano que recita a Pasolini o la del perro antropófago. Es una mirada valiente y sincera, formalmente arriesgada y muy satisfactoria, al exterior e interior de la poética arrolladora de un artista irrepetible. Un artista al que uno no se cansa nunca de mirar, de leer, de escuchar.

·firmadomisterj.blogspot.com

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