Cómics

La balada de Steve Gerber

  • Un volumen recoge dos importantes arcos argumentales del Hombre-Cosa, realizados en los años 80 y 90, que han quedado para el recuerdo.

Una imagen de 'Hombre-Cosa: Renacimiento'. Una imagen de 'Hombre-Cosa: Renacimiento'.

Una imagen de 'Hombre-Cosa: Renacimiento'.

HOMBRE-COSA: RENACIMIENTO.Steve Gerber y otros.Panini. 478 páginas. 42,95 euros.

No hace tanto me lamentaba de que las principales obras de Steve Gerber no estuviesen disponibles en nuestro idioma, y hoy contemplo con gozo que Panini ha puesto en el mercado los tres pilares de su aportación al universo Marvel en la década de 1970: Hombre-Cosa, Los Defensores y Howard el pato. Aún están por publicarse los episodios finales de las dos últimas series, que verán la luz próximamente, pero ya disponemos de la edición completa de su Hombre-Cosa, dividida en los tres volúmenes de Marvel Limited Edition titulados El monstruo del pantano, Regeneración y Renacimiento.

He dicho que Gerber realizó Hombre-Cosa durante la década de 1970, y esto no es del todo exacto. Cierto es que fue en aquella época cuando el escritor de San Luis firmó el grueso de su trabajo con el personaje, primero en la cabecera Fear y luego en Man-Thing, Giant-Size Man-Thing y otro puñado de títulos (Daredevil, Iron Man Annual, The Rampaging Hulk, etcétera), pero tuvo oportunidad de regresar a él en los ochenta y en los noventa, dejando para el recuerdo dos impresionantes arcos argumentales, que son los que recoge precisamente el volumen Renacimiento. El primero de ellos fue un serial en doce partes incluido en los números 1 a 12 de Marvel Comics Present (1988-89), una furiosa virguería que ponía en solfa el narcotráfico y el militarismo y que contó con los inquietantes dibujos de un gran Tom Sutton. El segundo fue una novela gráfica proyectada para comienzos de los noventa, cuyo argumento continuaba el del recordadísimo número 12 de Man-Thing (1974) y mostraba a los lectores cómo el paso del tiempo había afectado los sueños y la cordura de los protagonistas del episodio, Brian Lazarus y Sybil Mills. Ya entonces, en un correo de los lectores de 1975, Gerber confesó que no estaba convencido con el final de la historia (en la que un joven escritor y una estudiante de baile eran torturados en el pantano por la materialización de los miedos y frustraciones del primero), y prometía volver sobre ella más adelante. Tardó casi 15 años en hacerlo y, lo que es peor, dicha continuación tardaría otras dos décadas en completarse. La aventura final de Lazarus y Mills vio la luz en 2012, ya fallecido Gerber, bajo el título de Infernal Man-Thing y, si bien el guion llevaba escrito 20 años, el tono ominoso y crepuscular de la obra funcionó como una especie de mórbido testamento del creador del pato Howard. En esta ocasión, los dibujos recayeron en las manos magistrales de Kevin Nowlan, que añadió extrañeza, belleza y densidad al conjunto.

Existen lejanas e irrespetuosas ediciones españolas del Hombre-Cosa, pero estas dos últimas maravillas de Gerber permanecían inéditas en nuestro país, de modo que la edición de Panini se convierte en todo un acontecimiento. Me perdonarán que no hable del resto del tomo (la decena de episodios de Claremont y demás complementos); palidecen tanto en la comparación que huelga valorarlos. Y es que el Hombre-Cosa de Gerber es una de las grandes joyas de Marvel.

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