Cultura

"El punto ácrata lo tengo desde crío, supe siempre que el sistema neoliberal es malsano"

  • El artista presentará el próximo 6 de julio en el Foro Iberoamericano 'Los días intactos', un álbum "romántico" y "positivo" con el que el regresa a las raíces

El lanzamiento de Los días intactos, su último trabajo, tuvo una gran acogida: durante las tres primeras semanas ocupó el primer puesto de los más vendidos. Esto supuso para Manolo García un "alivio" y el aval de poder hacer una gira posterior sin sobresaltos, aunque el artista catalán bien sabe que "hay que tener cuidado y no dejarse llevar por la ansiedad". Y es que el de la música es un mundo duro en el que "te puedes llevar un batacazo enorme si te genera la sensación de que has hecho un esfuerzo durante años de trabajo y luego el disco no gusta".

-¿El hecho de que su trabajo sea vocacional le aporta el equilibrio ante situaciones como esa?

-Desde muy joven ya tuve claro que quería ser músico de rock, que quería hacer canciones y tener un grupo. Encaré mi vida en esa necesidad de formar grupos en mi barrio con chavales de mi edad que ya empezaban a tocar algún instrumento. La primera vez que me subí a un escenario fue a los 13 años. Esa idea sigue ahí, está latente.

-¿Nunca ha tenido dudas?

-Yo quiero ser músico, me gusta serlo y compartir la música con la gente. La música es una posibilidad de viaje, de sueño, de compartir emotividad, emoción, quimeras y cosas absurdas pero que finalmente te dan ánimo y esperanza. La música -el arte y la cultura en general- le da sentido a nuestras vidas. Esa es la alegría que me llevo y que intento compartir en los conciertos. Esa idea la tuve muy jovencito y no me ha abandonado. Nunca he tenido otra pretensión. Me asombra y alegra darme cuenta de que esa pasión no solo no decrece, sino que va en aumento y de que no me abandonará nunca.

-¿Cuál es la sensación que tiene al hacer canciones?

-Siento que estoy viviendo una plenitud y que la estoy compartiendo. Es lo contrario de esa sensación que tenemos todos los seres humanos de inestabilidad, de que la vida no tiene sentido o de qué hago yo aquí, por qué ocurre todo esto.

-¿Responde el sonido guitarrero y la frescura de las letras de su último álbum al contexto actual?

-No, no es tan medido el tiro. En mi decálogo de cosas importantes en rock están la rebeldía y es el sonido fuerte. Yo, por buscar un sonido propio o una identidad y singularidad, he hecho en algunos discos en solitario mestizaje. Con El último de la fila tuve un sonido más duro y ahora he vuelto a mi raíz antigua, a lo que hice con Los Rápidos, con El último: guitarras puras y duras. En este disco no hay mestizaje, hay power pop, rock y pop. Guitarras, que es lo que me ha gustado a mi siempre. Nunca he abandonado ese sonido porque ha estado en las canciones pero en un segundo plano. En este disco, buscando cambios, los he puesto en primer plano. Nada más. Mi punto de rebeldía, mi punto ácrata lo he tenido desde crío.

-¿Qué opina del capitalismo?

-Desde crío he creído que este neoliberalismo era malsano. Mi idea de ahora es la misma que he tenido desde jovencito. Siempre he pensado que el mundo está regido por la injusticia, por una falta de equidad y por una cantidad de personas soberbias, que dan poca vía a la esperanza y al respiro. Manejan con mucha mala ostia el miedo y la amenaza. Yo lo he sabido desde crío. No ahora, por estar las cosas como están, he hecho un disco más duro o más agrio. Mi disco último yo creo que, además, es completamente romántico y positivo.

-¿Qué le parece el 15-M?

-Creo que es correctísimo que la gente salga a la calle y que es necesario hacerlo aún más. Este tipo de organización que empieza en los barrios y ciudades, este tipo de actitud cívica y pacífica sin líderes es magnífica y toda una lección para los políticos. Yo estoy de acuerdo absolutamente. La cuestión es que el movimiento debería tener más fuerza y organización, pero bastante es ya que hayan surgido grupos de apoyo a los desahuciados por los bancos. Ese tipo de cosas dice mucho a favor de la ciudadanía. Todo el mundo hace revolución de palacio, en los bares y en las conversaciones de sobremesa, pero lo importante es que cuando haya una convocatoria salgamos a la calle. Un ejemplo es el punto minero de las minas de León, Asturias y Teruel; toda esta gente que ha sumado fuerzas para reivindicar y luchar por una causa común.

-Cree, entonces, que el pueblo debe llevar la voz cantante.

-Cuando los ciudadanos escuchan una convocatoria y creen que es razonable, es importante que salgan a la calle. Deberíamos ir todos para alzar la voz. Mira a donde hemos llegado dejando sólo a los políticos, a todos los González, Alfonsos Guerras, Zapateros, Aznares, Rajois y banqueros. Mira lo que pasa en el poder judicial, eso es un disparate. El pueblo tiene que hablar, tiene que haber un ágora pública donde alzar la voz y darle que pensar a los políticos.

-Volvamos al disco. ¿Cómo fue la creación de los 14 temas?

-Con calma y sin pretender hacer un álbum. Le dije al ingeniero de sonido que íbamos a hacer unas maquetas. Lo hice a posta porque no me gusta la presión ni arrastrar un pasado como un saco de piedra. No me gusta pensar que no puedo fallar. ¡Claro que puedo fallar, soy humano! Y la única manera que tengo de hacer las cosas bien es con alegría, con calma, sin presionarme a mi mismo y sin pretender el éxito. Porque si lo que más te preocupa cuando haces una canción es la venta de discos, la canción te va a salir con tufillo.

-¿De verdad lo consigue?

-Mi forma de curarme en salud es olvidarme y me dirás que es imposible, pero te prometo que lo consigo y durante dos o tres años logro olvidar mi condición de ser un músico con cierta dosis de popularidad y con discos. Me convierto en una persona completamente ajena al mundo de la música, no tengo nada que ver con nadie de la música, no contacto prácticamente con nadie de este ámbito... Mis amigos son los de mi infancia, hago otras cosas y así es como puedo hacer canciones nuevas que me gusten, me hagan feliz y me diviertan.

-¿Logra que sus giras no se conviertan en una rutina pesada de trabajo?

-Yo hago giras para vivir pero si no le saco el jugo, maldito el dinero que puedo ganar o maldita la forma de ganarme la vida si realmente es un martirio para mi. El disimulo es un arte que a mi me pesa mucho. Lo bonito es ir a una ciudad y, de paso, aprovechar para ver a un amigo que hacía años no veía, ir a un museo o a un restaurante. Esa es mi disciplina: Disfrutar y por la noche dar un concierto. Para mi es una suerte desarrollar un oficio que elegí, que me da alegría y que me hace compartirla con los demás, que es lo más importante.

-Desde hace años tiene un público muy fiel en Huelva. ¿Ha establecido nexos con la ciudad?

-Desde que toqué con el Último de la fila en la Plaza de Toros noté una respuesta muy cálida y a partir de ahí sí establecí vínculos. La calidez se nota: desde los empleados del hotel en el que te alojas a la cercanía de quien te sirve el desayuno. Hay una persona, cuyo nombre no diré porque no viene al caso, que me sigue desde El último de la fila y que se presenta en ciudades impensables, donde acude con amigos de Huelva. Al plantear este viaje hemos quedado para hacer una jornada gastronómica. Hay ciudades en las que esto pasa y otras en las que no. Son ellos los que han conseguido hacerse notar.

-Se fue a Los Ángeles a grabar el disco pero el estilo sigue siendo el suyo. ¿Cómo lo consigue?

-Creo que es importante tener un sonido propio. Fui a los Ángeles porque quería trabajar con una banda puntualmente para el disco y ellos no podían venir. Es curioso, me decían que al meter mi voz, mis melodías y mi manera de hacer había logrado que ellos fueran mercenarios al servicio de un sonido mío, sin lograr sacar el de ellos. Ese es el misterio, yo tampoco acierto a desentrañarlo mucho. Yo pongo las ganas, la ilusión.

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