Pedro Casablanc, actor

"Trump es el paradigma de lo zafio, ni como personaje lo veo"

  • El televisivo intérprete advierte de que cuando no se le conoce da "miedito, pero los malos tienen más recorrido en las historias".

"Trump es el paradigma de lo zafio, ni como personaje lo veo" "Trump es el paradigma de lo zafio, ni como personaje lo veo"

"Trump es el paradigma de lo zafio, ni como personaje lo veo" / D.C.

-Pocos actores están tan marcados por su lugar de nacimiento. Usted lo lleva hasta el el nombre artístico.

-Pues sí. Sé que costó algún disgustillo familiar, era normal que quisieran ver a Pedro Ortiz Domínguez en los altares, pero como marca comercial Casablanc es único e inolvidable. Además haber nacido en una ciudad como esa labra el destino de un cinéfilo.

-Suena a flamenco o torero. Algo así como El Niño de Casablanca.

-Soy un clásico, pero no por ello un antiguo. Me encantan la copla y el flamenco. No tanto los toros, pero ¿se imagina el nombre de un actor así? El gachó de joligú. Muchos compañeros me conocen como Withehous, sin la e al final.

-¿De qué manera esos orígenes le forman como actor? ¿O sólo como persona?

-Es indudable que tus orígenes te configuran por un motivo u otro. En mi caso, como Casablanca había sido colonia francesa, tuve la oportunidad de ver teatro francés y eso me despertó esta vocación que me mantiene con vida. El ser hijo de emigrantes también marca.

-¿Quién le enseñó a ser actor?

-Mis primeros pasos en el teatro allí, los di de la mano de una mujer de una sensibilidad muy especial y que no quiero dejar de mencionar aquí, Goly Sastre. Pero aprendí de la observación curiosa, de los grandes actores a los que admiraba, de la lectura, del paisaje, del amor... Se puede aprender de cualquier cosa, si se está predispuesto a hacerlo. He tenido pocos profesores académicos, pero he vampirizado todo aquello que podía nutrirme como artista.

-Usted mismo imparte talleres, como el que da en Cádiz. ¿En qué aspectos le insiste a sus alumnos?

-En que cada uno encuentre su actor genuino. Puede parecer un lugar común, pero si no se investiga en la propia personalidad y en sus posibilidades artísticas se acaba cayendo en vicios actuacionales y en tópicos que apenas tienen interés. Insisto también en las ventajas de la técnica, que en este país nunca se ha tenido muy en cuenta, ya que somos hiperbólicamente emocionales y hemos creído y seguimos creyendo, erróneamente, que con eso basta. Y en leer, leer, leer, soy pesado con eso.

-¿Es usted consciente de que sin duda tiene cara de malo?

-Es posible. Cuando no se me conoce doy miedito. Los malos tienen más recorrido en las historias y sobre todo más cosas que hacer. Son personajes más complejos. De ahí que Hollywood recurra habitualmente a actores británicos formados en el teatro para encarnar a sus villanos.

-Pero me han dicho que es buena gente.

-Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno, y converso con el hombre que siempre va conmigo, que es un actor que hace de malo.

-Machado en sus respuestas.

-Siempre.

-Y los clásicos, también siempre en sus cursos. ¿Le interesan más que los contemporáneos?

-No, también me interesa el teatro contemporáneo. En mi currículum hay más de este que del clásico. Pero considero los grandes textos como un instrumento ideal para trabajar con el actor. Ayudan más a crear imágenes. Es posible que sea más afín a la poética de los textos clásicos. Sus imágenes son más sugerentes y detonan la creatividad del actor.

-Sus últimos personajes son políticos corruptos, narcos... ¿Está usted haciendo un retrato del país sin querer?

-Hasta ahora no soy yo quien decide lo que quiere contar, no soy guionista de mis series y películas. Pero es verdad que el azar, o el destino, o el carácter me han llevado a trazar una carrera casi paralela a la historia de España desde Isabel La Católica hasta Luis Bárcenas.

-¿A este paso, los villanos pasarán a ser héroes?

-Parece que nos hemos rendido ante la zafiedad, la incultura y la falta de educación de quienes pretenden gobernarnos, y es desolador. Los villanos nunca deben ser héroes, no los debemos tomar como ejemplo, por mucho dinero que ganen.

-Ya puestos, ¿Donald Trump es el héroe perfecto o el villano típico?

-Es el paradigma de la zafiedad y el mal gusto. No puedo verlo ni como personaje. Pero inexplicablemente, nos ha vendido la moto, nos hemos rendido a sus pies.

-¿Cree que hay una escuela andaluza de teatro?

-Si me preguntas por una forma de hacer, te diría que no. Hay grandísimos actores andaluces a los que admiro: Manolo Solo, Vicente Romero, Mariano Peña, y actrices Ana Fernández, Maica Barroso, Mercedes Hoyos, por citar a los más cercanos... y llama la atención que todo ese talento sea tan genuino sin apenas formación académica.

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