Fila siete

Series, seriales y secuelas

Lo que hoy nos parece muy normal, por lo frecuente y reiterativo incluso, las secuelas o continuaciones de sagas famosas, siendo habituales en las carteleras, apareciendo los títulos de las películas con un número detrás, como lo comprobamos en estos días con The Amazing Spider-Man 4, Ice Age 4 o Men in Black 3, tiene su origen en los más viejos tiempos de la historia del cine. El género se popularizó en los inicios del Séptimo Arte, cuando las películas seriadas lograron una extraordinaria popularidad. Lo que hoy son secuelas, incluso precuelas, entonces eran episodios.

Ángel Zúñiga, en los tiempos de la I Guerra Mundial, escribía: "Para nosotros, la guerra verdadera no era la que asolaba a Europa por aquellos días, sino la que sostenían, en Los misterios de Nueva York, la rubia Elena Dodge, el detective Justin Clarel y su fiel Janeson contra el cruel Li-Wang". El testimonio lo recoge el recordado Terenci Moix, excepcional experto cinematográfico, en La Gran Historia del Cine, que recuerda oportunamente cómo José Ortega y Gasset calificaba adecuadamente esta especialidad cinematográfica.

Aseguraba el ilustre filósofo: "Alguna vez he intentado aclararme de dónde viene el placer, ciertamente modesto, que originan algunas de estas películas americanas, con una larga serie de capítulos o, como dice el nuevo y absurdo burgués español, de episodios (una obra que se compusiera de episodios sería una comida toda de entremeses y un espectáculo hecho de entreactos). Y con no poca sorpresa he hallado que esa complacencia no procedía nunca del estúpido argumento sino de los personajes mismos".

Entonces, como ahora, el propio género, sus historias fragmentadas, sus personajes y sus intérpretes lograron un extraordinario predicamento en un público ávido de aventuras sin fin. Uno de los primeros éxitos lo consiguió Victorien Jesset en 1978 encarnando al detective Nick Carter, un precedente notable de los agentes secretos que en los años sesenta del siglo pasado popularizaría James Bond, el Agente 007 con intrigas y argucias herederas de aquellos trepidantes relatos. En la reanudación de la serie pronto tendremos al invulnerable agente, últimamente encarnado con éxito por Daniel Craig y, en esta ocasión, junto al español Javier Bardem.

Insisto en que los elementos de estos seriales de antaño eran los mismos que se utilizan en nuestro tiempo. Sus aspectos más vistosos y llamativos se basaban en la acción más estimulante, la imaginería mecanicista, que hacía de su raíz europea y su literatura popular un ejercicio de reconversión dinámica hasta el punto de parecer genuinamente estadounidense. Las películas en serie se rejuvenecían y se agilizaba su desarrollo narrativo. Del folletín por entregas, tan popularizado en aquellos años, se pasó al cómic, la novela gráfica o a ese sucedáneo cultural que subyugaba al espectador norteamericano y después al europeo o al resto del mundo.

Actores y actrices famosas lograron como intérpretes de estas películas una mayor popularidad. Y así lo fueron Kathlyn Williams, iniciadora del género, Helen Holmes, William Duncan, Ruth Roland, Buster Crabbe - auténticos precedentes de Harrison Ford y su Indiana Jones -, Pearl White - que en España se hizo muy popular como Perla Blanca, lo que habla de la fama de sus películas-, Mary Pickford - la llamada novia de América-, el que fuera su esposo Douglas Fairbanks, Lilian Gish, Errol Flynn… Y también directores de la talla de David W. Griffith, Charles Chaplin, Cecil B. de Mille, Maurice Torneur, Allan Dwan, Raoul Walsh firmaron un gran número de estos seriales.

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