Cultura

Quiero ser una Ti-Girl

  • Jaime Hernández toma el género por excelencia del cómic moderno, el de superhéroes, tradicionalmente masculino, y le da una vuelta de tuerca

La premisa de partida de El retorno de las Ti-Girls. Dios y ciencia es tan simple como espléndida: todas las mujeres son superheroínas. Y no me refiero a que sean capaces de trabajar, criar a los hijos, cuidar la casa y lidiar con el marido a la vez, sino a que aquí literalmente pueden volar o levantar coches o atravesar el vacío estelar o estirar los miembros a voluntad… Cada una tiene un don. Pasa que algunas lo desarrollan y otras no, y que algunas de las que lo desarrollan acaban perdiéndolo con los años.

Sí, esto es Locas, esto es Jaime Hernández.

El esperado retorno del autor de La educación de Hopey Glass -servido como no podía ser de otro modo por La Cúpula- es exactamente lo que promete: una historia de superhéroes. Pero, ah… nunca habrían imaginado un tebeo de superhéroes como este. El retorno de las Ti-Girls toma el género por excelencia del cómic moderno, un género tradicionalmente masculino y hasta machista, y le aplica la vuelta de tuerca definitiva. ¿Qué pasaría si el mundo de los justicieros enmascarados no fuese cosa de hombres sino de mujeres? Las súper de Hernández salvan al mundo, combaten villanos y amenazas de todo tipo y pelaje, pero primero y ante todo son mujeres, y como tales se comportan aventura tras aventura, página tras página.

El que lo ha probado ya sabe que Hernández es un tipo inteligente y divertidísimo. Leído como tebeo de género superheroico, el volumen tiene la frescura de aquel Superman de los años cincuenta que combatía a Brainiac, Mentallo y Lex Luthor y esquivaba la vicaría y a la celosa Lois Lane al mismo tiempo. O el descaro de los primeros Fantastic Four, de Lee y Kirby, en los que la Cosa le bajaba los humos a la Antorcha Humana con el extintor, del imperecedero y originalísimo Spiderman de Steve Ditko, que se remendaba el traje de faena en casa de su tía. El regreso de las Ti-Girls puede leerse también como una pieza más del fenomenal entramado que es la novela-río Locas, con sus delirios y alucinaciones, y hasta como metatebeo sobre el frikismo de los lectores y coleccionistas de cómics -el propio Hernández entre ellos-, con su divertida visión de una Maggie aficionada a los tebeos, que va a las librerías y rebusca bajo las mesas de novedades, en cajones polvorientos, hasta encontrar tal o cual viejo ejemplar de su serie favorita: Ti-Girls Adventures.

El argumento de este nuevo e inesperado episodio de Locas gira en torno a Penny Century, su traída y llevada búsqueda de superpoderes y las consecuencias que se desatan cuando por fin los obtiene. Como cabía sospechar, Margarita Chascarrillo no tiene don alguno, pero su presencia en la historia la justifica el citado afán coleccionista. Maggie se sabe al dedillo las aventuras de las Ti-Girls, lo que le permitirá ayudarlas llegado el caso. El apartado gráfico, por su parte, es sencillamente inigualable, pero esto ya no es noticia. O tal vez sí. Pasan los años, las décadas, y la vitalidad de Hernández no cesa, su pócima del tebeo perfecto parece inagotable.

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