13 Salón del Cómic de Huelva Aquellos tiempos que ya se fueron

  • Ventura, Azagra y Ozeluí recuperan el brillo del humor gráfico tras la dictadura en su lugar común que fueron las páginas de ‘El Jueves’

  • Oda a la creatividad y la libertad de entonces en la mesa redonda que centra los actos del viernes en el Salón del Cómic

El punto nostálgico era inevitable. Ventura, Azagra y Ozeluí, juntos, para hablar de El Jueves, donde todos coincidieron en su mejor época con personajes que son parte de la historia del humor gráfico de este país. La revista sigue publicándose cada semana; todo un ejercicio de supervivencia en la era de la inmediatez, de las redes sociales, de internet. También en una época en la que las libertades parecen inferiores a aquellas de censura heredada de la dictadura y paquetes bomba de grupos falangistas.

Defendía Carlos Azagra, en esta irrepetible mesa redonda del 13 Salón del Cómic de Huelva, que probablemente el mejor momento de El Jueves sea el actual, por el pulso que mantiene cada semana con la tecnología y con esa distribución cada vez más imposible para todo lo que sea papel.

Pero la añoranza está ahí. También para Azagra. Porque el ambiente de la redacción no es el mismo. Porque ni hay redacción, más allá de esa sala con los técnicos de edición que componen las páginas con las imágenes escaneadas que llegan. Ni hay fiestas ni la cerveza riega las horas muertas. Tampoco las cenas anuales son las mismas.

Ventura y Ozeluí tienen presente la creatividad en tiempos de Gin como director, cuando había cercanía y amistad. Eran tiempos de Óscar, de Ivà y tantos otros que se quedaron en el camino. El cambio sucesivo en la empresa editorial acabó con la independencia de entonces, la que creció tras haber sido comprada por los propios dibujantes, y la que acabó sucumbiendo a cuestionados criterios de audiencia basados en encuestas también de dudosa validez.

Lo contaban todos ellos, testigos de los inicios y de aquel éxodo de creadores desde la desaparecida El Papus, inevitablemente asustados tras el mortal atentado de la ultraderecha de finales de los 70. Pero la libertad siempre estuvo ahí, aseguran, quizá menoscabada en momentos puntuales, pero sólo superados por excesos de prudencia recientes.

Kim triunfaba en aquellos tiempos pasados entre los círculos fascistas pese a su crítica en Martínez El Facha. Incluso aquella otra revista hermana, Historias de la puta mili, también era superventas en los cuarteles, donde los mandos militares, apuntaba Ventura, la compraban a escondidas.

El mismo autor de Grouñidos en el desierto contó que el rey Juan Carlos era fiel seguidor confeso de la revista, episodios de censura al margen. Una vez llamó a la redacción para aclarar que no tenía nada que ver con otro intento de secuestro de la publicación ajeno al de la portada de los príncipes. “Otra vez me dijo: ‘Ventura, mi hijo Felipe tiene un dibujo tuyo en su casa”.

Ahora Azagra cree que ya no se podría hablar como antes de grupos de música como Negu gorriak o Kortatu. Igual que tampoco se hacían monográficos sobre Fuerza Nueva y ahora sí se hacen sobre Vox. Los tiempos han cambiado, seguro. Pero la conclusión es siempre la misma: “Hace falta sentido del humor. Hay que reírse”. Y en ello están todavía.

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