Cultura

Juguetes de culto

La unanimidad favorable con que ha sido acogida por todos los críticos la película de animación Toy Story 3D (2010), que además goza de un valor que no suele ser usual en versiones secundarias, de mejorar sensiblemente sus ya de por sí prestigioso precedentes, han hecho de esta película un título que rápidamente se ha situado a la cabeza de los films más destacados por la crítica en lo que va de año. Es decir que, contrariamente a lo que suele ocurrir en estos casos, cuando un éxito trata de prolongar sus posibilidades en la taquilla, descuidando o perdiendo la entidad y el crédito de sus valores iniciales, esta tercera versión de la creación debida a John Lasseter y Lee Unkrich, supera de manera notable cuanto hemos visto hasta ahora sobre estos personajes animados que se han convertido en juguetes de culto.

Toy Story (1995) supuso un hallazgo cinematográfico que llamó poderosamente la atención de todos los cinéfilos y revolucionó de alguna manera el ámbito amplio y dinámico, innovador y sorprendente de los últimos tiempos, quince años atrás. Y es que este mágico mundo de los juguetes que tienen vida propia ha ido cobrando cada vez mayor verosimilitud gracias a la imaginación y a la dotación a estas criaturas de un ánimo existencial que se sintetiza en este relato en ese temor que sienten cuando el niño que jugaba con ellos y que animaban sus horas de ocio, se ha hecho mayor y los ha abandonado. El miedo a verse arrumbados en un lugar oscuro o simplemente de ser arrojados a la basura, es para el vaquero Woody, personaje estelar, y sus compañeros un motivo de alarma que les impulsa a huir y llegar a una guardería llena de sorpresas para todos.

Entonces vemos como aquel sueño del imaginativo John Lasseter en este fantástico mundo del cine, se ha convertido en una leyenda, en una cult movie, en un clásico definitivo si ya no lo era desde su primera aparición. El panorama de la animación lleva ya varios años imponiendo títulos de un encanto, de una inteligencia, de una mágica fascinación realmente admirables. Tengamos el caso de los grandes creadores japoneses como Hayao Mizayaki -recordemos su genial El viaje de Chihiro (2001)- e Isao Takahata, artífices del fructífero y valioso Estudio Ghibli. Pero no olvidemos los notables éxitos de Up (2009), de Peter Doctor y Bob Peterson, que nos entusiasmaron en su día con Buscando a Nemo (2003) o la sorprendente inventiva de Wall-E (2008), de Andrew Stanton…

Pero en este apasionante universo de la animación no cabe duda de que esta tercera versión de Toy Story, ahora en relieve, se nos revela como una maravillosa invención no sólo para satisfacer a su público natural: los niños, sino para encantar también a todo tipo de públicos, concretamente a los mayores que a veces miran para otro lado cuando se trata de una película de dibujos animados. Aquí la animación es una obra de arte.

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