Cultura

Directores iberoamericanos

El cine iberoamericano del que tan cerca hemos vivido a través de nuestro Festival, que nos ha brindado a lo largo de estos últimos 37 años el más amplio plantel cinematográfico que en esa órbita pueda contemplarse, nos sigue ofreciendo muestras de la calidad y categoría internacional de algunos de sus directores. No tuvimos ocasión aquí de hacerlo antes pero siempre hay tiempo de celebrar el éxito, por ejemplo, del realizador mexicano Carlos Reygadas. Fue en el último Festival de Cannes donde logró el Premio al Mejor Director por su película Post tenebras lux (2012). En la recogida del galardón Reygadas lanzó un mensaje envenenado a la prensa que le abucheó en el estreno del film: "Mi agradecimiento a la gente de la prensa que no han dejado de decir desde hace cuatro o cinco días cosas bonitas de mí".

El director mexicano conocido en Huelva desde su primera película Japón (2000) hasta Luz silenciosa (2007), premiada también en Cannes y en nuestro Festival, pasando por Batalla en el cielo (2005), es el único director de su país que ha logrado seleccionar tres largometrajes a la Palma de Oro de Cannes y con ello un gran crédito internacional. Descubre, como en su día escribimos, los grandes valores del cine mexicano actual, en el que mientras este realizador se empeña en su línea fiel a un universo muy personal, que yo calificaba en mi crítica de una gramática fílmica obsesiva y perturbadora, a veces difícil de seguir, basándose muchas veces en un sentido reflexivo que nos lleva a los clásicos, otros colegas suyos se inscriben en una cinematografía más abierta al mercado internacional.

Con todos mis respetos a toda una pléyade de realizadores mexicanos que ennoblecieron el arte cinematográfico azteca y entre los que no podemos olvidar al español Luis Buñuel, que tantas películas realizara en México entre los años 1951 y 1965, donde residió, salvo algunas estancias en Francia y España para dirigir algunas de sus últimas realizaciones, así como los también españoles Luis Alcoriza y Carlos Velo, hay que reconocer que hay un nuevo cine mexicano que ha trascendido de lo que era una visión más local dentro de una vocación universal propia de todo creador.

Yo partiría de directores tan personales como Jaime Humberto Hermosillo, autor de una obra notable, La tarea (1990), pero fundamentalmente de Alfonso Arau, quien desde Mojado Power (1979), Colón de Oro en el Festival de Huelva, y con más proyección internacional Como agua para chocolate (1992), sobre la novela de Laura Esquivel, logró el salto a Hollywood con Un paseo por las nubes (1994). Detrás vendría Alfonso Quarón, quien desde Grandes esperanzas (1997), con un reparto de grandes actores norteamericanos, afianzaría su arraigo en la producción estadounidense. Luego vendrían el gran éxito de Y tu mamá también (2001) y Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004) en el ámbito de las grandes superproducciones.

Pero no se quedaría atrás Alejandro González Iñárritu, que triunfó internacionalmente con la asombrosa Amores perros (2000) y lograría tras otro éxito con 21 gramos (2005), el Globo de Oro a la mejor película y seis nominaciones a los Oscar, de los que conseguiría el de Mejor Banda Sonora con Babel (2006), que completaba su escalofriante Trilogía de la muerte. De otros realizadores de esta nacionalidad escribiremos otro día.

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