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La muerte añade incertidumbre al deshielo en la era de Trump

Cubanos con banderas nacionales al alza. Cubanos con banderas nacionales al alza.

Cubanos con banderas nacionales al alza. / EFE

Bestia negra de Estados Unidos durante décadas, Fidel Castro sobrevivió al mandato de 11 presidentes norteamericanos, lo suficiente para ver retomar a Cuba las relaciones diplomáticas con Washington.

La muerte del hombre que convirtió a la isla caribeña en máximo enemigo de Washington durante la Guerra Fría sorprende a Estados Unidos en plena transición política, cuando a Barack Obama le quedan menos de dos meses para dejar la Casa Blanca en manos de Donald Trump.

La desparición de Castro es un factor a sumar a la incógnita sobre lo que el nuevo presidente hará respecto a La Habana, cuyo suelo pisó Obama en marzo como primer mandatario norteamericano en casi 100 años. 

Obama inició el deshielo hacia Cuba a finales de 2014, en 2015 se reabrieron las embajadas de los dos países y, ante la imposibilidad de levantar el embargo por la oposición en el Congreso, ha ido suavizándolo en lo que su poder presidencial se lo ha permitido. El pasado 14 de octubre publicó una directiva presidencial con la que intentó hacer "irreversible" la apertura.

"Revertiré las órdenes ejecutivas y concesiones a Cuba de Obama hasta que las libertades sean restauradas", dijo Trump en la recta final de la campaña, cuando se hacía necesario asegurar el voto de los cubano-estadounidenses de Florida, el más importante campo de batalla entre los estados sin decidir.

No aclaró si estaría dispuesto a romper las relaciones diplomáticas retomadas por su hermano Raúl y Obama tras más de 50 años sin lazos entre los dos países. 

La hasta ahora última posición expresada por Trump sobre Cuba contrasta con la que mantenía al inicio de la campaña, cuando saludó la apertura de Obama, sugirió que debería haberse dado antes y respaldó el levantamiento del embargo que el demócrata no ha logrado llevar a cabo por la oposición de senadores republicanos.

"Estos giros nos dicen poco sobre lo que hará cuando se instale en el Despacho Oval", escribía hace unos días Peter Hakim, ex presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano de Washington.

Hakim teme no obstante que la política hacia Cuba sea asumida por Trump como una baza para contentar a quienes lo votaron en Florida.

"Puede ser una oportunidad para que Trump o su secretario de Estado demuestren un poco de dureza, enmendando una pieza clave del legado de Obama y de este modo satisfacer a los partidarios de Trump en Miami", añadió.

Esta misma semana, Trump nombró miembro del equipo de transición a Mauricio Claver-Carone, director ejecutivo de un lobby pro embargo, US-Cuba Democracy PAC, extremadamente crítico con el deshielo de las relaciones pilotado por Obama.

El puesto en el equipo de transición no es cualquiera: Claver-Carone se inserta en la rama que tiene la misión de organizar el traspaso de poder en el Departamento del Tesoro, que es el que se encarga -sanciones también de por medio- de que se cumplan las regulaciones finacieras, incluido el embargo a Cuba.

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