Monkey Week

El Monkey reivindica en su primer día la pequeña escala

  • Algunas agradables sorpresas musicales desfilan por los escenarios alternativos con un estimable éxito de público · Las pequeñas discográficas promocionan en el teatro a los talentos en los que creen

Algo tiene que estar pasando en ninguna parte, algo que uno de los principales festivales de música independiente de este país, el Monkey, está sacando de debajo de la alfombra. De Canarias, de Murcia, de Galicia, de Italia. De todas estas partes y decenas de partes más, es decir, de ninguna en concreto porque no se trata de un movimiento uniforme, de ninguna 'movida', surgen microempresas que colocan un cartel en un 'stand' y ofrecen sus productos. Sus productos son bandas, su producto es música. En pleno cataclismo del negocio entendido como tal, surgen creyentes de una religión dada por muerta en los grandes templos, en las grandes multinacionales que han abandonado el barco, que han entregado a los músicos los restos de la ruina: ahora sois libres, les han dicho.

En la plaza de Alfonso X El Sabio, que es una fiesta con un montón de niños correteando y padres tranquilos echando un vistazo al escenario, suena un grupo que parece salido de un granero del sur de Estados Unidos. Su nombre es Marcus Doo & The Secret Family, que cuenta con una encantadora cantante dentro de la familia. Marcus porta guitarra y armónica y está claro que conoce más de un disco de Neil Young e, incluso, en sus intensidades más arrebatadas es posible que haya explorado en las siniestras lagunas de Nick Cave & The Bad Seeds. Están pero que muy bien y ella, en un momento, dice, inocentemente, que "hoy hemos sacado un disco. Si os gusta, lo podréis encontrar en el teatro".

Esta fórmula de venta, cara a cara, sin intermediarios, esto es lo que hago y lo, si os gusta, lo podéis conseguir, recuerda a lo que ha dicho Miqui Puig por la mañana en una mesa de debate sobre el papel del músico en el día de hoy. Puig conoció lo que era trabajar para una multinacional en los últimos días de la edad de oro de las multinacionales, "cuando se grababa un disco con un presupuesto que serviría para grabar doce hoy porque la mayor parte del dinero iba para la casa del productor y el director". Esos tiempos ya no volverán, aseguraba Puig, y tomaba en consideración una idea: "Quizá los músicos tendremos que volvernos artesanos e ir de feria en feria vendiendo lo que hacemos como los productores de los quesos de la sierra hacen en las ferias tradicionales de los pueblos".

Tal vez ese sea el verdadero concepto del Monkey y de su éxito dependa la absoluta demolición del sistema para crear uno nuevo. Hay pequeños signos que emocionan y apuntan en esa dirección. En el teatro toca el grupo Mujeres, que es un grupo de hombres . Para mi sorpresa, este excelente grupo se arranca con una versión de Saico, considerados 'protopunk'. Saico es un grupo peruano del año 1965. Esta gente que está colada por una guitarra, una batería o el instrumento que sea bucea, investiga. Es verdad que en estos días escucharemos grupos muy malos, de los que no se hablará aquí porque bastante mérito tienen con intentarlo, pero otros muchos son sencillamente muy buenos y es posible que nunca los conozca nadie. Y son muy buenos porque se han preparado para ser muy buenos, han dedicado mucho tiempo a eso.

Casi al mismo tiempo el grupo Hola a todo el mundo, que evoca un poema de Whitman en su nombre, ha encandilado con sus trovas campestres a un auditorio multitudinario. Las poperas Casetes han llemado el Barsito. No se podía pasar, no había sitio. Y la gente salía feliz. Esto puede parecer trivial, pero les digo una cosa, este mundo necesita música. Y para eso hacen falta músicos, mucho más que negociantes, según se ve. Lehman Brothers y todo lo que vino después aparte.

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