Monkey Week

Memorias del subsuelo - Noche 2

  • Una bitácora personal de la segunda edición de Monkey Week, por Pablo B. Caveda

Anoche no hubo más remedio que suspender la primera jornada nocturna del Monkey Week por la lluvia salvaje que arrasó la ciudad durante varios minutos. Los meteorólogos celebraron la precisión de sus augurios y no se pudo hacer nada salvo tomar las medidas oportunas para que nadie sufriese ninguna clase de daño. Bastaba una millonésima parte del agua que se estaba derramando sobre el festival para que todo saltase por los aires. Digo esto porque a eso de las dos de la madrugada unos cuantos empezaron a lanzar patadas al aire como ocas hitlerianas y a armar jaleo en el claustro del Monasterio de la Victoria, como si los músicos o los organizadores fuesen responsables de los apetitos del cielo o como si éstos fuesen a obtener alguna clase de beneficio a partir de lo sucedido. Que ¿podrían haber cubierto todo el Monasterio? Por supuesto. Y también podrían haberse traído una docena de panzers para evacuar a los músicos y a la concurrencia. Pero seamos realistas: traer una docena de panzers sale caro.

Yo anduve como loco por todo el recinto intentando saber qué demonios estaba sucediendo tras el nefando chaparrón. Se hablaba de una reunión en la cumbre el Gólgota entre organizadores, técnicos de sonido y grupos, de la que resultaría un veredicto que todos esperábamos con ansiedad; otros decían que habían visto saltar chispas del color del averno de los cables y las mesas de sonido; uno contaba que un miembro de Lüger tuvo que salir corriendo con su órgano vintage del escenario para que no se le jodiese su preciado instrumento; y un tipo vestido de ninja me aseguró que había visto a una extraña criatura retorcerse contra la lluvia.

Lo único cierto es que la masa de agua que se vertió sobre el monasterio a la una de la madrugada había arrasado con el escenario y con el claustro mismo, que se había convertido en una suerte de manglar que te tragaba por los pies si contabas hasta cuatro.

Ya sólo quedaba irse a dormir.

Pero ayer también hubo cosas buenas. La tarde fue amable y luminosa y los niños corrieron por la plaza Alfonso X El Sabio como gacelas sin león. Ainara LeGardon dio un magnífico concierto en El Niño Perdío y Mañana fue capaz de defender con dignidad su repertorio sobre el escenario del Castillito.

Sólo hacia las ocho de la tarde el cielo empezó a ensombrecerse y los ánimos se torcieron. Un tipo vestido de rapero me amenazó con partirme el alma porque creía que lo estaba fotografiando, los niños desaparecieron bajo inmensos paraguas y se convirtieron en siniestras setas de extraños colores. El cielo gris (que no negro) se contuvo hasta que actuaron los Pony Bravo. Andrew Bird dio un precioso concierto para abrir el festival nocturno y los chicos de Sevilla desgranaron una docena de grandísimos temas de su primer disco y del trabajo que están a punto de sacar a la luz.

En definitiva: una jornada compleja, en gran parte lamentable, pero también con cierto encanto.

Última hora: Tali Carreto me informa de que los Lüger pasan a tocar en el escenario de la Plaza de Alfonso X El Sabio sobre las seis y media de la tarde. Además, todas las pulseras compradas para la jornada de ayer podrán ser canjeadas por pulseras para el día de hoy. Y, por último, los que hacían el paso de la oca en el Monasterio de la Cartuja sólo eran unos enamorados de Faust que lamentaban a su extraña manera la cancelación de los conciertos.

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