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The Vagabond | Crítica Aaron Diehl: un paso adelante

  • El joven pianista estadounidense personifica la dimensión del renovado neoclasicismo jazzístico

El pianista Aaron Diehl. El pianista Aaron Diehl.

El pianista Aaron Diehl. / D. S.

Desde su álbum de debut –Live at Caramoor (2008)– Aaron Diehl ha declarado sin ambages su pasión por el jazz clásico. Tutelado por Wynton Marsalis y educado en la Juilliard School of Music junto a pianistas como Kenny Barron o Eric Reed, el pianista se hizo en 2011 con la beca Cole Porter de la American Pianists Association, gracias a la cual enfiló su trayectoria discográfica hacia el sello Mack Avenue con el que ahora publica este The Vagabond. Ello no significa que haya renunciado a estimular su música de la mano de contactos con otros ámbitos: ahí quedan para atestiguarlo su alianza con el guitarrista flamenco Dani de Morón en 2014 o su inmersión en contextos orquestales centrados en las partituras de George Gershwin o Philip Glass.

Si en su precedente Space Time Continuum (2015) Diehl se rodeó de una nómina intergeneracional que asociaba a dos octogenarios del peso de Benny Golson y Joe Temperley con colegas más coetáneos, en esta ocasión ha optado por la búsqueda de un formato menos concurrido y más intervenido que le permite expresarse sin tantos intermediarios. Y el formato de trío parece certero para exponer la prosperidad de un estilo que suscribe en The Vagabond un paso adelante, librándose de ciertos corsés del academicismo y mostrándose más consciente y espacioso, sin perder una elegancia compartida con su añejo socio Paul Sikivie y con el sutil Gregory Hutchinson.

Portada del disco. Portada del disco.

Portada del disco. / D. S.

Siete composiciones propias ilustran además su progreso compositor mientras que las adaptaciones se centran tanto en la fuente clásica de Sergei Prokofiev, con una sorprendente lectura, como en el minimalismo de Philip Glass, sin obviar gestos hacia el santoral jazzístico simbolizado por Sir Roland Hanna y por Milano de un John Lewis erigido en uno de sus esenciales ascendientes. Es justo el sobrio y exacto lenguaje del legendario pianista y compositor del Modern Jazz Quartet el que parece impregnar buena parte de esta destacada obra con la que el músico de 34 años reivindica la parcela neoclasicista en el escaparate contemporáneo.

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