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Músicas contra la peste | Monteverdi La ninfa de Monteverdi

Claudio Monteverdi (1567-1643) retratado por Bernardo Strozzi en torno a 1630. Claudio Monteverdi (1567-1643) retratado por Bernardo Strozzi en torno a 1630.

Claudio Monteverdi (1567-1643) retratado por Bernardo Strozzi en torno a 1630.

En 2003, para Le pont des Arts, su tercer largometraje, Eugène Green, estudioso y gran conocedor de las artes interpretativas barrocas, planteó un inteligente juego de contrastes en el que, a través de dos parejas de amantes, condenadas desde el principio a la disolución, se entremezclan realidad e irrealidad, vida y muerte, arte sublime y rutina cotidiana, y en medio, traspasando barreras infranqueables para la común experiencia humana, una historia de amor imposible que se desata propiciada por una obra de Monteverdi, el Lamento della Ninfa.

Publicada en 1638 en su Libro de madrigales guerreros y amorosos, la obra es perfecto ejemplo de la fusión entre el madrigal y la escena lírica. Monteverdi estructura la pieza –casi un haiku operístico de poco más de cinco minutos– en tres secciones, de la cual la central presenta a la protagonista llorando la infidelidad de su amante mientras las voces masculinas se apiadan de su dolor y el bajo acompaña con el típico tetracordo descendente de los lamentos barrocos.

El impacto emotivo de la pieza es contundente. Green la utiliza casi completa tres veces a lo largo de su película. En la primera, Natacha Régnier, que en la ficción es cantante de un grupo barroco, la interpreta durante un ensayo, aunque no es ella la que canta, claro, sino Claire Lefilliâtre, que pone voz a la ninfa acompañada por Le Poème Harmonique. Como por razones de dramaturgia cinematográfica, la breve tercera sección de la pieza se omite, aquí añadiremos su maravilloso texto: "Así, entre amargas lágrimas,/ el cielo se colmaba de su voz;/ así, en el corazón de los amantes/ el amor mezcla fuego con hielo". La belleza, tan bressoniana, de la puesta en escena, la flexible y hermosísima voz de la soprano francesa, la música de Monteverdi, patética, conmovedora, resultan ideales para armarse hoy, Domingo de Ramos, de sobradas razones para perseverar en el combate contra el bicho.

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