Huelva

El santuario de la Cinta es un peregrinar constante de devotos

  • La pandemia de la Covid-19 obliga a cambios en los cultos, pero resultaron igualmente emotivos

Numerosos devotos participaron en la función solemne de la Virgen de la Cinta. Numerosos devotos participaron en la función solemne de la Virgen de la Cinta.

Numerosos devotos participaron en la función solemne de la Virgen de la Cinta. / Alberto Domínguez (Huelva)

El día de la fiesta de la Virgen de la Cinta se vivió ayer de manera intensa. Un peregrinar de onubenses que desde primeras horas de la mañana quisieron acercarse a felicitar a la Patrona de Huelva en la Fiesta de la Natividad de la Virgen, que es el día en el que se le honra desde hace siglos.

Este año todo ha sido distinto a los últimos vividos en la fiesta cintera del 8 de septiembre, pero igualmente hermoso y popular. En el santuario se fueron sucediendo cientos de visitas, engarzando un rosario de devoción, tras la celebración de la llamada misa de la Virgen de Guadalupe o de comunión de hermanos.

La pandemia obligó a muchos cambios en los cultos anuales a la Virgen, pero resultaron de la misma forma emotivos. La ciudad no tuvo en sus calles a la que baja de El Conquero en agosto como faro de su devoción, pero no le ha olvidado en ningún momento. Se vivió una novena en su santuario, que solo en dos ocasiones y de manera excepcional se celebró durante el siglo XX.

Está dejando escenas y momentos inolvidables como las que se viven en este 8 de septiembre tan diferente a estos últimos años pero que redescubre lo que narran las crónicas de otras épocas, cuando siempre durante siglos el día de la Virgen se celebró en su santuario, regresando días previos a su festividad.

Tiempos de un ayer envuelto en la nostalgia de un santuario extramuros de la ciudad, a solo media lengua corta. En este alto de El Conquero donde todo culmina, porque todo empieza aquí. Un tiempo cuando el santuario estaba exento, las únicas viviendas existentes eran las casas de labranza o las que algunos tenían para pasar temporadas de vacaciones.

Aquella fiesta es la que ha venido en este 8 de septiembre a evocar un tiempo intensamente cintero, en el que se asientan las raíces de la devoción y de la fiesta a la Patrona de los marineros.

Ambiente en el santuario de la Cinta durante la función solemne. Ambiente en el santuario de la Cinta durante la función solemne.

Ambiente en el santuario de la Cinta durante la función solemne. / Alberto Domínguez (Huelva)

Lejos quedan -aunque muy vivo en nuestra historia- las mandas de Francisco de Leiva y su esposa, de 1602, para que hubiera misa solemne cantada con sermón el día de la Natividad de la Virgen. Al igual que la de Francisco Martín Olivares, de 1756, cuando además de potenciar los cultos y las fiestas populares con “fuegos, ruedas y cohetes”, promovía la procesión más tarde llamada de los marineros con la Virgen Chiquita de la Cinta.

Lejos de que la pandemia estropeara el día de la Virgen de la Cinta de este año, se ha ganado ese reencuentro con Ella en su santuario en esta jornada. Acudiendo masivamente a visitarla, lo mismo que aquellos otros romeros que acudían a la fiesta que tenía lugar en sus alrededores y a los que el propio cabildo municipal alertaba en el siglo XVIII de que fueran por los caminos conduciendo sus carretas con el máximo cuidado.

Las cosas son hoy bien distintas a aquellas de siglos pasados, pero en el fondo la mañana y las primeras horas de la tarde vividas en el santuario evocan ese otro tiempo. Así, el pueblo se ha sentido romero de esa devoción marinera, lo mismo que Cristóbal Colón que acudió hasta el santuario descalzo, con el torso descubierto, de romero a esta casa devota de Santa María de la Cinta después de encontrar en Ella, él y su tripulación, el auxilio en tempestad a la vuelta del viaje descubridor.

Hoy en este otro tiempo de tempestad, son muchos los que acuden a la Virgen de la Cinta y no olvidan esta grave pandemia del coronavirus, invocándola como salud de los enfermos, que dice las letanías.

Se ha vivido esa romería devota acudiendo a su santuario como nunca se podía imaginar, con muchísima participación y cercanía. En Huelva, todos los caminos conducen a la ermita de la Cinta.

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