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El político ‘instagramer’ también quiere parecer humano

  • Muchos políticos usan Instagram como una red más pero con un tono más cercano y no como un canal estratégico, cometiendo errores que impiden sacar el máximo provecho

El político ‘instagramer’ también quiere parecer humano El político ‘instagramer’ también quiere parecer humano

El político ‘instagramer’ también quiere parecer humano

Bajo el hashtag #ImWithHer el equipo de la candidata demócrata Hillary Clinton llegó a acumular durante las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos 1.300.000 fotografías en Instagram. El poder que tuvo la etiqueta durante ese periodo fue espectacular, aunque pasadas las elecciones el uso de ese hashtag cayó en picado.

La creación de una potente comunidad en torno a un hashtag, como le ocurrió a Clinton, no es un caso aislado. De hecho, es una de las principales fortalezas de las etiquetas, junto con la organización de debates sobre temas específicos y un eficiente sistema de clasificación de las publicaciones.

Hay estudios que certifican que las comunidades que surgen en torno a los hashtag de Instagram suelen ser efímeras, pero mientras existen, tienen un extraordinario potencial. Hashtag, fotografía y texto conforman el exitoso triángulo que concede a Instagram la capacidad de transmitir valores y sentimientos con los que atrapar la atención de los electores en un momento en el que la política tiene un importante componente emocional.

Instagram es la red happy. Fotografías y vídeos exhiben lo mejor de cada casa, viajes, aficiones, moda, amigos, mascotas y una vida ideal. Ante tanta perfección, los partidos han puesto sus miras en esta plataforma.

La red amable que es Instagram, mucho más emocional que Facebook, se ha convertido en un escaparate de lujo para proclamar las virtudes de los políticos. Al mostrar su día a día, consigue humanizar al político instagramer y presentarlo como una persona cercana. Justo lo que los partidos políticos andaban buscando.

Y han dado en el clavo, porque hoy Instagram es la red que está triunfando. Y ya se sabe que los políticos deben estar donde los electores pasan su tiempo. Con 1.000 millones de usuarios activos al mes, es la red social que más ha crecido en cuotas de mercado en 2018 y es la segunda con más seguidores, después de Facebook.

Especial y diferente a otras redes

En líneas generales, las redes sociales conectan a los ciudadanos de a pie con los políticos, sin intermediarios y de una manera directa y sencilla. Es por eso que los medios sociales se han convertido en una pieza clave en la estrategia de comunicación de los partidos políticos.

Con el auge de la fotografía digital, emergen nuevas tendencias en la comunicación política. Pero Instagram es especial y diferente a otras redes tipo Flickr. Posee unas cualidades extraordinarias que permiten mostrar la otra cara de los políticos, aquella más amable y cercana. Es la red con la que consiguen crear ilusión de perfección.

Algunos líderes políticos hacen un extraordinario uso de esta red social. Narendra Modi, Rania de Jordania, Justin Trudeau, Angela Merkel, Pablo Iglesias o Pedro Kumamoto son ejemplos de políticos que han descubierto su potencial y lo aprovechan al máximo.

Naturalidad y espontaneidad son las dos características de Instagram. La idea de que todo lo que se publica en esta red está ocurriendo en el momento contribuye a crear una imagen más cercana del político, mejora el proceso de construcción del liderazgo y refuerza su reputación.

La teoría está clara, pero la práctica no tanto. En líneas generales, muchos políticos usan Instagram como una red más pero con un tono más cercano y no como un canal estratégico, cometiendo errores que impiden sacar el máximo provecho a esta plataforma.

Resulta todavía muy común ver publicaciones de políticos en actos oficiales. Esto no gusta a los instagramers, que prefieren que se les muestre algo que haya pasado entre bambalinas. Tampoco es atractivo ver fotos del político con sus partidarios. Cuanto más institucional sea la cuenta, menos impacto tendrá.

También es frecuente ignorar el lenguaje de Instagram, publicando textos largos y comunicados de prensa como mensaje. Esto debiera estar en las páginas webs y en otras plataformas que complementen la estrategia digital del partido y reservar Instagram en exclusiva para imágenes y textos cortos. Frases escuetas, palabras sencillas y fáciles de entender, y verbos en activo conforman el estilo natural de esta red social.

En este aspecto, y en otros muchos, Obama ha dado muestras de un buen manejo, explicando sólo lo esencial y siempre complementando el mensaje de la fotografía, sin caer en redundancias.

Pretender ser quien no se es, se castiga también en Instagram. Imitar a figuras con éxito o mostrarse en actividades que normalmente no hace, por ejemplo usar el transporte público o montar en bicicleta, resulta contraproducente. Se trata de que el político sea él mismo, sin fingir, dándole un matiz novedoso a cada una de sus acciones.

Otro aspecto que se suele pasar por alto es, precisamente, una de las principales características de Instagram: la espontaneidad. Las imágenes normalmente están tan cuidadas que pierden realismo y credibilidad, resultando en muchas ocasiones artificiosas. Los ciudadanos quieren ver que los políticos son humanos, y cuanto más cercanos se muestren, mayor éxito van a tener en esta red social.

Por último, tampoco se aprovechan todas las posibilidades de Instagram, como stories, directos y boomerang.

En cualquier caso, tanto en esta red como en todas en general, las mejores cuentas no son aquellas con más seguidores, sino las que tienen mayor y mejor interacción. Probablemente será una cuestión de tiempo que veamos a nuestros políticos totalmente integrados en esta excepcional red social que, bien utilizada, nos muestra su lado más humano.

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