Despedida a Ignacio Noguer

Huelva dice adiós a un "hombre de fe profunda"

  • Sus restos ya descansan en la capilla del seminario

Monseñor Vilaplana esparce incienso sobre el féretro de Ignacio Noguer. Monseñor Vilaplana esparce incienso sobre el féretro de Ignacio Noguer.

Monseñor Vilaplana esparce incienso sobre el féretro de Ignacio Noguer. / Correa (Huelva)

La prolongada enfermedad que ha padecido el obispo emérito que le siguió hasta el último día de su vida, ha sido asimismo, otro ejemplo de llevar la vida cristiana a la práctica. Esa fue una de las apreciaciones que realizó el cardenal Carlos Amigo durante la homilía que pronunció ayer, en el transcurso del funeral de Ignacio Noguer Carmona que tuvo lugar en la Catedral de la Merced.

El templo estaba lleno bastante tiempo antes de que diera comienzo la ceremonia a las 12:00. El coche mortuorio llegó a las puertas de la catedral procedente del Obispado donde había estado situada la capilla ardiente. Precedido por el cardenal y siete obispos, incluido el onubense José Vilaplana, el féretro fue avanzando hasta quedar situado justo a los pies del presbiterio.

Entre los asistentes había que contar al alcalde de la ciudad, Gabriel Cruz; el presidente de la Audiencia Provincial, Antonio Pontón; el presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, Antonio González así como representantes de las órdenes religiosas establecidas en la Diócesis, cabildo catedralicio y sacerdotes de Huelva, Guadix (Granada) donde Ignacio Noguer también fue obispo y Sevilla.

El cardenal Carlos Amigo no escatimó elogios a la trayectoria del difunto obispo a quien lo calificó como hombre de bien y “un modelo de cristiano sufriente” haciendo con ello especial mención, a la última década de su existencia que estuvo fuertemente marcada por sus problemas de salud. Amigo se detuvo en el carácter íntegro con el que llevó su vida de fidelidad al Señor, “una peregrinación entre las fuentes del conocimiento de Dios”. “Amigo de los pobres –siguió el cardenal– sencillo, incansable, amante de la Virgen, modelo de cristiano y ejemplo como enfermo”, aunque para Carlos Amigo “la mejor alabanza que se puede hacer de Ignacio es que fue un hombre de fe profunda”.

Tras realizar esta evocación de su compañero en el ministerio, monseñor Amigo siguió en su disertación, con la parte más teológica reflexionando acerca de la realidad de la muerte y si ésta es tan solo un acontecimiento que supone el fin de la vida. De este modo, destacó que en el cristianismo, la muerte adquiere otra dimensión gracias a la trayectoria y vivencia de Cristo de manera que “la muerte se va haciendo una realidad en nuestra vida, lo que nos permite participar en Cristo. Es una forma de vivir”.

La muerte y resurrección de Jesucristo ha dado una nueva perspectiva a los conceptos de vida y muerte, invocando de esta manera el pasaje bíblico que señala que con Cristo todos han muerto y volverán a vivir y aunque “la muerte tiene una dimensión de oscuridad que nos entristece, Cristo nos llena de su esperanza y nos quita el temor”. Para Carlos Amigo, “Ignacio se ha ido con Dios para siempre, pero nos ha dejado su huella que permanece en nosotros”. El cardenal terminó su homilía haciendo mención de distintos pasajes neotestamentarios:“El que cree en mí –dice el Señor– no morirá nunca”, concluyendo que “la gente piensa que te has muerto, que estamos ante una desgracia pero tú vives y ahora mismo lo estás haciendo en paz”.

En la recta final del funeral, fue Vilaplana quien tomó la palabra para expresar mis “palabras de gratitud por el regalo que hemos tenido con Ignacio, un hombre bueno, buen pastor, prudente, generoso y probado por la enfermedad dando un gran testimonio”. En nombre de la familia –prosiguió– “le doy las gracias a Jesús –quien lo cuidó estos últimos tiempos– pues Ignacio ha tenido en él a un ángel de la guarda”, sin olvidar tampoco los desvelos del doctor Figueroa.

Como últimos gestos “antes de entregarlo a la tierra”, el obispo esparció agua e incienso sobre el féretro de quien fuera el cuarto titular del Obispado onubense, insistiendo uan vez más, en la gratitud y el reconocimiento que el finado prelado infunde. Antes de la despedida y la bendición final, fueron leídos sendos comunicados de la Santa Sede y de la Conferencia Episcopal Española en los que se transmitía el pésame a sus familiares y se daba gracias a Dios por “su larga vida dedicada al servicio de la Iglesia”.

Una vez que el féretro fue introducido en el coche fúnebre, la comitiva se dirigió hasta el seminario. Allí recibió sepultura en su capilla en la que se encuentran asimismo, los restos de su antecesor en el cargo en el Obispado onubense. Rafael González Moralejo. Monseñor Ignacio Noguer Carmona, obispo emérito de Huelva, falleció el jueves pasado en la capital los 88 años de edad. Nació en Sevilla el 13 de enero de 1931. Fue titular de la Diócesis onubenses desde 1993 durante el papado de Juan Pablo II y como sucesor de Rafael González Moralejo hasta 2006, ya con Benedicto XVI, cuando renunció por edad. Dirigió la Iglesia onubense durante 13 años.

En sus últimos años, los problemas de salud le acompañaron. Además de las sesiones de diálisis y padecer diabetes, se le había instalado un marcapasos.

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