Voces de Huelva | José Antonio Marín Rite “Quien minusvalore al PSOE se equivoca profundamente”

  • El primer regidor onubense tras la restauración democrática ha entrado a formar parte del callejero de la capital y repasa ahora la política de antaño, la actual, su partido y la ciudad

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Fue alcalde de Huelva durante nueve años (1979-1988), los primeros de la nueva etapa democrática en el país, en los que destacó por ser hombre de diálogo y consenso. Por eso no extrañó que fuera designado después presidente del Parlamento Andaluz, que le ocupó otros seis años. Tiene una larga trayectoria, como convencido y destacado socialista, también con años de trabajo en Madrid. Ahora, José Antonio Marín Rite es también el nombre de una calle, la primera en la principal zona de expansión de la ciudad, a la que él contribuyó de manera decisiva a modernizar. La misma en la que vive como notable espectador jubilado.

–¿La calle es un reconocimiento a su talante como alcalde?

–Para mí es importante. Pero cada uno hace política de acuerdo con su personalidad, con su carácter y con muchas cosas, que forman el hombre político.

–A usted se le recuerda como integrador en un momento difícil.

–Es lo más llamativo de mi gestión municipal. Con aquellas primeras elecciones aparecieron en el Ayuntamiento de Huelva seis grupos políticos y ninguno tenía mayoría. El panorama era terrorífico. Además, quienes estábamos allí no habíamos tenido una actividad política ni siquiera medianamente importante. A todos nos cayó encima una ciudad que estaba absolutamente deteriorada y un Ayuntamiento totalmente arruinado y sin estabilidad política alguna. Me dí cuenta de que había que arreglar ese problema de fondo. Además, como era la primera vez, de eso dependía también la valoración que la gente haría de la política. Nos jugábamos muchas cosas y éramos conscientes. Mi trabajo consistía allí en convencer a todo el mundo de que como nosotros fracasáramos, no iba a fracasar el PSOE ni la UCD ni nadie sino la política. Y eso era una barbaridad. Teníamos que funcionar. No teníamos más remedio. Entonces hice un reparto del Ayuntamiento y todos los concejales tuvieron una parcela de responsabilidad. Todos.

–Y eso que era una representación ideológica muy amplia.

–Tremendo. Pero lo más importante era demostrarle a la ciudad, en este caso, que esta nueva forma de hacer política, que era la democracia, servía; si no, nadie iba a confiar. Ese era el objetivo. E hicimos un Ayuntamiento de concentración, en el que todo el mundo tenía su parcela política. Nos apretamos todos el cinturón, todo el mundo trabajó y todo el mundo lo hizo bien.

–¿Esa fue la clave también para el avance que dio la ciudad en su mandato?

–Sin duda ninguna. La ciudad mejoró enseguida. El primer año no podía verse pero cuando pasaron dos o tres ya se veía perfectamente cómo iba mejorando.

–En su mandato se empezaron proyectos que marcaron el desarrollo de la ciudad.

–En todos los aspectos. En infraestructuras, por ejemplo, se adquirieron el Gran Teatro y la Casa Colón, que son dos instituciones culturales que ahí siguen. Y con el cementerio había bronca y se generaban altercados porque la gente no encontraba sus tumbas, con más de un metro de hierba que había… da vergüenza contarlo pero así era. Hubo que arreglar todo aquello.

–Estamos en año electoral. ¿Cómo ve la situación actual?

–El grupo socialista y el alcalde tienen una buena posición ante las elecciones. Creo que sí. Porque se la han ganado, independientemente de los errores que hayan podido cometer. Creo que el alcalde es un hombre estimado en la ciudad y eso va a ser partir de una base.

–¿Cree que tiene mucho terreno ganado?

–Claro, es natural. Es un trabajo que está ahí y, naturalmente, tratará de ponerlo en valor en las elecciones, en la campaña.

–A pesar de esa ventaja, ¿pueden perjudicar las elecciones generales un mes antes?

–Las elecciones municipales tienen unas claves que funcionan de una manera completamente distinta. Esto se dice mucho así pero es verdad. La gente ve al alcalde tomar café, y habla con él y después las decisiones, aunque no tengan la trascendencia que pueda tener las de una ciudad grande son inmediatas y visibles.

–¿Ve a Vox en el Ayuntamiento?

–No sé cómo va a funcionar en una ciudad como Huelva. Espero que no funcione. Me da la impresión de que lo que ha ocurrido en algunos sitios como Almería es una cosa aislada, pero tampoco lo puedo decir con certeza. No sé qué va a pasar con Vox, pero son gente echada para adelante y va a dar batalla.

–¿Le sorprende que salga ahora un partido como éste?

–Sí me sorprende porque, además, eso no se crea en tres días. Un fenómeno como el de Vox no aparece porque tres señores quieren.

–En esa primera Corporación suya como alcalde había de todo.

–Entonces había también un grupo independiente, con Juan Ortiz y Carmelo García Laguna, que era muy de derechas, pero muy de derechas; diría que el más de derechas que había en el Ayuntamiento, pero lo había puesto allí la gente y funcionó muy bien.

–Se entendieron bien también.

–Ese era mi trabajo, por lo menos al principio, para que aquello no explotara. Y lo conseguimos porque todo el mundo quiso.

–¿Se vería de presidente del Parlamento andaluz actual?

–No te creas que aquel mío fue fácil. ¡Qué va! Aunque las cosas que yo veo ahora de insultos no las había entonces. Tengo que reconocer que la gente me respetó mucho en el Parlamento. Y cuando el presidente pedía algo, se hacía inmediatamente, no tenía que pedir silencio diez veces. No hubo insultos ni ese tipo de cosas.

–¿Se han perdido ahora las formas y el respeto en la política?

–De una forma tremenda. Diría incluso que se ha degenerado. No es que no hubiera antes ningún insulto porque a lo mejor alguna vez se le iba la olla a un tío y había que llamarle el orden, pero en general no había. No recuerdo que me hayan insultado nunca ni referirse al presidente o al alcalde despectivamente, ni aquí, ni en Sevilla ni en Madrid.

–¿Cuál es la razón del retroceso?

–De alguna manera nos lo hemos buscado. Ha habido muchos casos de corrupción que han sido fundamentales para el desprestigio de la política. Han hecho un daño tremendo. Han sido muchos años y ha sido, además, mal tratado el asunto. La política hizo un casus belli de la corrupción y eso empeoraba las cosas.

–Le entristecerá ver ese descrédito después de tanta lucha.

–A mí me duele profundamente cuando veo que se insulta a un político. Además, en la inmensa mayoría de los casos, es absolutamente injustificado.

–¿Qué le ha pasado al PSOE?

–No podría decir que ha sido algo concreto, porque creo que ha sido una cosa general. Ha habido una depreciación del sentido ético de la política e insisto en que el punto principal ha sido la corrupción.

–¿Y le ha hecho daño esa pugna interna por el poder?

–Siempre que dentro de la política se produce una confrontación excesivamente fuerte, la gente piensa que se están peleando por el sillón. Pero eso ha sido así en otras ocasiones y no ha ocurrido un desgaste tan grande.

–Que le pregunten a ustedes por el guerrismo, el felipismo...

–Aquella batalla fue la peor que ha habido. Fue tremendo, con enemistades personales y familiares. Un desastre.

–Pero el PSOE se mantenía vivo.

–Porque no había un contenido ideológico. Hay una parte del partido que decide cargarse a la otra y, además, no en todas partes era igual ni tenía la misma dureza. Cuando estaba en el Senado, me preguntaba la gente qué pasaba en Huelva, porque aquí quizá fue más fuerte que en otras provincias. Tengo en la cabeza quienes eran mis adversarios y no veo que fuera gente con la que no me pudiera entender. Lo hicimos mal, hay que reconocerlo. Así fue y lo pagamos.

–¿La clave es que se llegue a cuestionar la base ideológica?

–Esa ventaja la tiene siempre el PSOE, hasta en los momentos de mayor enfrentamiento, como este del que hablamos: no he visto nunca una pugna ideológica. Lo decíamos, pero no era verdad eso de que los guerristas eran más de izquierdas que los renovadores, o Alfonso [Guerra] más que Felipe [González].

–Dicen que Alfonso Guerra ya no tiene nada que ver con el de antes.

–Le escucho y me río. Y con el otro, más todavía.

–Pero ¿qué falla ahora? ¿Qué ha pasado en las autonómicas?

–El PSOE ha ganado las elecciones en Andalucía, lo que pasa es que no las ha ganado como lo hacía antes. Veremos qué pasa con las siguientes, porque hay encuestas en las que aparece con unos cuantos de puntos por encima de los demás.

–¿Tiene esperanzas?

–Éste es un partido muy fuerte, y el que no lo vea, sale con desventaja. Muchos años lo ha sido y eso crea un poso que es inevitable. Recuerdo cuando íbamos por los pueblos, todavía con Franco y Carrero Blanco vivos, y teníamos a la Guardia Civil detrás a los diez minutos. La gente nos recibía de una forma muy dispar: había quien cerraba la puerta, no quería hablar, y había otros que nos sentaba en la mesa de camilla y nos ponían unos roscos y un café sin querer que nos fuéramos. Y así en los 79 pueblos de la provincia y en algunas aldeas. Todos tenían una sede, que en algunos casos, en los más pequeños, era la casa de un militante. Fue tremendo. Yo le decía a la gente del PP: “Hasta que no hagáis algo como esto, no vais a ninguna parte”.

–¿El principal trabajo ahora es movilizar a los votantes?

–Ahora hay que hacer un tremendo esfuerzo de movilización. Pero eso lo sabe hacer el PSOE. No es la primera vez que lo hace; lo sabe hacer y lo hará. Espero que el partido saque de su historia y de su tradición la fuerza necesaria, que la tiene, para afrontar las nuevas elecciones. Quien minusvalore al PSOE se equivoca profundamente. Es un partido muy fuerte y muy implantado, sobre todo.

–Como presidente que fue del Puerto, ¿cómo lo ve?

–Eso me lo encontré bien. Siempre ha estado bien. Y cuando llegué estaba saneado, tenía superávit. Cuando hablaba con los demás responsables de las empresas e instituciones de aquí de Huelva me miraban con cierta envidia, con admiración, desde luego.

–Siempre se ha dicho que el Puerto era la mayor empresa de aquí.

–Pero aparte de que era una potencia económica, que lo era, es que estaba bien gestionado y además tenía una tendencia al alza clarísima. El Puerto ha ido creciendo en los últimos veinte años, y cuando una institución como esa crece y crece y crece, y tiene más superávit, es una bendición. Además, hay otra cosa positiva: nunca se ha producido enfrentamiento político. No nos peleábamos, aunque hubiera discusiones.

–Ha recuperado muchos espacios para la ciudad y cada vez está más integrado.

–Esa es una tendencia que también es antigua. Creo que el Puerto de Huelva es el que más ha acercado la ciudad al mar en España,. Se ha hecho un esfuerzo de acercamiento y eso crea un lazo ciertamente importante.

–¿Cree que puede afectar el cambio ahora en la Presidencia?

–No creo, seguro que no. El Puerto aguantará perfectamente el cambio y seguirá la tendencia ascendente y de mejora que tiene desde hace bastantes años.

–¿Le hace falta a Huelva despertar y luchar más por sus cosas, como ahora con la manifestación del 15-M?

–Eso siempre hace falta, pero no creo que Huelva esté en una situación especialmente negativa. También tiene muchas cosas positivas, como el Puerto o la minería.

–¿Y no cree que hacen falta infraestructuras para avanzar más?

–Las infraestructuras no están tan relacionadas con el empleo como la gente cree. Lo que genera empleo es la actividad económica, y aquí siempre la ha habido por la industria, que la hemos tenido muy potente aquí. Ese es el motor.

–¿Entiende que todavía se siga cuestionando la industria?

–Eso no lo he entendido nunca. Un eslogan mío de siempre es que Huelva necesita su industria. Es una ciudad industrial y lo es desde el siglo séptimo antes de Cristo, cuando se fundía la plata y el cobre. Y sí, es posible compaginar el medio ambiente con la actividad económica. De una manera total y absoluta, probablemente no, pero legalmente hay cosas de antes, como aquellos depósitos de mineral de Zafra, que no tienen cabida ahora.

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