Huelva

La luna cintera de septiembre

  • Los cultos en el santuario de la Cinta están dejando escenas inéditas

  • La iglesia se adelanta hasta el mismo patio, donde su bóveda es el cielo de Huelva

Un inesperado apagón de luz dejó la iglesia, en los cultos del día 1, con el ambiente acogedor de solo la iluminación de las velas del altar. Un inesperado apagón de luz dejó la iglesia, en los cultos del día 1, con el ambiente acogedor de solo la iluminación de las velas del altar.

Un inesperado apagón de luz dejó la iglesia, en los cultos del día 1, con el ambiente acogedor de solo la iluminación de las velas del altar. / Eduardo Sugrañes

La devoción a la Virgen de la Cinta siempre nos sorprende y, por muy distintas que parezcan las cosas, vemos que están unido a esa tradición de más de seis siglos.

Este año tan difícil por la pandemia del coronavirus, la Virgen extiende de nuevo su manto desde El Conquero a toda la ciudad. Al igual que tantas otras veces que se vivieron situaciones así, la crónica nos relata que Huelva encontró en Ella su amparo. Así hemos vivido en mayo un triduo de rogativas, como aquel de la Gripe de 1918. Lo presidió todos los días el obispo José Vilaplana Blasco, ahora será el nuevo prelado, Santiago Gómez Sierra, quien asista a la función del 8 de septiembre y se hará como siempre fue hasta 1963, en el mismo santuario y ante la Virgen de la Cinta.

La contrariedad de no poder bajar a la Virgen Chiquita de la Cinta hasta el centro de la ciudad viene a ofrecer esta otra oportunidad, que no han vivido las generaciones actuales y es el poder celebrar la Fiesta de la Natividad de la Virgen donde siempre se centró, ante la imagen de la Santísima Virgen de la Cinta en su santuario. A la que invocaron tantos onubenses, la Virgen marinera de Huelva, a la que rezó el mismo Cristóbal Colón.

Ese es un momento que esperamos vivir cuando ya estamos disfrutando de una antesala maravillosa, de otro acontecimiento único para las generaciones actuales de onubenses, como es la celebración de la novena en la misma ermita, como ocurriera a finales de diciembre de 1932 y en el año 1966. Oportunidad única en un tiempo difícil, un momento más para acercarse a la Virgen de la Cinta. Ahora con una petición muy especial, tal y como se escucha al inicio del rezo de la novena, como es la súplica por todos los afectados por la pandemia, el recuerdo de los fallecidos e implorando el final de este tiempo de incertidumbre que tanto daño está haciendo; que, como decía la Salve de los Marineros “gimiendo y llorando están/ epidemias padeciendo”.

Los cultos se pueden seguir en el mismo patio. Los cultos se pueden seguir en el mismo patio.

Los cultos se pueden seguir en el mismo patio. / Rafa del Barrio

En La Cinta siempre se está bien, es de esos lugares envueltos en una fuerza interior muy especial. Aquí arriba, en El Conquero, y sobre su falda la marisma verde que deja correr el milenario río Odiel que busca el Tharsis bíblico.

Cada día los cultos se inician con el rezo del santo rosario que realizan las Hermanas Nazarenas, tan vinculadas a este ermita de la que fuera rector su fundador, San Manuel González; tiempo de gracia ahora que se comparte en estos cultos con su centenario fundacional.

Tras el rezo de la novena se escuchan las campanillas de la cruz alzada que abre el cortejo litúrgico de entrada para la santa misa.

La Virgen de la Cinta en su altar mayor, con un exorno de elegancia y sencillez; sobre el conjunto dorado resalta como una luz el sagrario con la carabela colombina y la Estrella de la Evangelización. La Virgen Chiquita de la Cinta en su altar con su belleza enamoradiza y siempre llena de flores frescas de ofrendas diarias.

Unos cultos en este mirador privilegiado, en ese momento en el que el sol viste la tarde en su ocaso de amarillos y rojos intensos, cual escogida paleta de pintor, entre el frescor del patio rodeado de pilistras que se abre como iglesia en la que tiene de cúpula en cielo inmenso celeste, sobre el blanco encalado que hace la bandera de Huelva.

Abanicos en el interior de la iglesia y brisa fresca de la marisma que se adentra por los arcos del patio. Se escucha el revolotear de los pájaros, las horarias del campanario... El predicador de la novena habla de esa cinta que es lazo de amor de la Virgen con Huelva. Cada día de cultos ha venido un párroco, para acercarse a Ella en una fiesta en la que no puede bajar a devolver esa visita que día a día durante todo el año le dedican los onubenses.

Las normas del Covid-19 llevan a la toma de temperatura a la puerta, limpieza de manos con gel hidro-alcohólico, alfombrillas desinfectantes por donde pisar, para luego sentarse con las lógicas medidas de distanciamiento social. En el patio se extienden las sillas plegables y dos pantallas hacen que se puedan seguir los cultos, al igual que en las casas gracias a la señal de Teleonuba y al esfuerzo realizado por la hermandad para que en este año tan especial nadie se pierda la novena de la Virgen, que se sigue también por las redes sociales y por un código QR. Las nuevas tecnologías son igualmente aliadas de la devoción en este uso responsable de las mismas.

La tarde va de caída y se escucha a los cientos de pájaros que acuden a esa pajarera en la que se convierte el pinar que tiene la huerta del convento de las Madres Oblatas.

¡Qué bien se está aquí!

Por un momento, como un sueño, todo ha quedado solo iluminado por el ascua de luz de la cera que alumbra el altar. Es un instante único de la novena, no esperado...

Cuando cae el negro de la noche el santuario es reflejo blanco sobre el azabache. Lo siluetea la luna inmensa de septiembre, la luna onubense de La Cinta.

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