Respons(H)abilidades

¿Por qué le llaman RSC cuando quieren decir lavado de cara?

  • No es Responsabilidad Social si el compromiso no está en la estrategia y no afecta a la toma de decisiones, y si no empieza por la plantilla tenga el tamaño que tenga la organización

¿Por qué le llaman RSC cuando quieren decir lavado de cara? ¿Por qué le llaman RSC cuando quieren decir lavado de cara?

¿Por qué le llaman RSC cuando quieren decir lavado de cara?

Qué daño han hecho a la Responsabilidad Social Corporativa las organizaciones que la han usado como argucia vacía para vender o tener mejor imagen. Menos mal que "los de a pie" cada vez sabemos más y, sobre todo, tenemos más medios para informarnos y más canales para hablar. Especialmente esto último. Y menos mal que cada vez más pequeñas y medianas empresas, esas pymes que son el enorme músculo empresarial del mundo, se dan cuenta de que mucho de lo que hacen de forma natural es RSC, y de que tampoco a ellas les vale ya decirlo y no hacerlo. Y en todo esto, la gestión de personas y la estrategia responsable son dos elementos fundamentales en los que el tamaño de las empresas no importa y en los que no caben argucias por muy grandes o pequeñas sean.

Que ninguna gran empresa se ofenda, pero lo cierto es que las primeras que empezaron a hablar de Responsabilidad Social Corporativa fueron ellas, por obligación o por devoción, y no todas lo han hecho con fundamento, provocando una lamentable intoxicación y desinformación que afecta sobre todo a las que sí se lo están tomando en serio. Justo al contrario que las pymes, que aún no tienen claro lo mucho que hacen en general en términos de RSC sin aprovecharlo, y lo que es peor, lo muchísimo que pueden hacer y ganar con menos esfuerzo incluso que las grandes firmas.

Expresar esto en román paladino sería decir que lo más importante, para que la Responsabilidad Social Corporativa se consolide como una herramienta de cambio social y de gestión eficaz, es que cada vez menos grandes empresas puedan usarla de forma sesgada como lavado de cara, y que cada vez más pequeñas y medianas empresas conozcan en qué consiste realmente la RSC y sepan, sobre todo, que no es lavarse la cara. Así de simple y así de complicado.

Por eso es interesante que consumidores y empresas unifiquemos algunos criterios y estemos atentos a los errores más comunes que, con buena o mala intención, descafeínan la RSC hasta convertirla en un bonito pero frágil escaparate.

La RSC no es filantropía, es estrategia

Ayudar de forma desinteresada a los demás o apoyar causas sociales sin esperar nada a cambio está muy bien, pero no es Responsabilidad Social Corporativa. La RSC es estrategia de negocio, es otra forma de hacer rentable lo que se hace, generando valor en los tres ámbitos de la sostenibilidad. En los tres: en el social, en el ambiental y también en el económico, que no debería escribirlo al final porque de hecho, y siguiendo con el román paladino, si no está puede echar abajo todo el chiringuito. ¿Quién puede estar más interesado que la propia sociedad por la rentabilidad y permanencia de las empresas que ofrecen valor social? Nadie.

Y por eso, la RSC de verdad está en la estrategia del negocio y afecta a la toma de decisiones de la organización desde el primer nivel. Porque si el compromiso social y ambiental no acompaña al económico en las decisiones estratégicas, es porque la RSC se está usando de escaparate, o lo que es lo mismo, cuando conviene. Y eso no funciona a largo plazo.

La RSC no sólo va hacia fuera, debe empezar por dentro

Otro error, propio de intenciones sesgadas y escaparatistas, es dirigir todos los esfuerzos de la Responsabilidad Corporativa hacia fuera. Y claro que la focalización en el cliente es muy importante, pero ¿y el cliente interno? La plantilla de trabajadores, y otra vez da igual el tamaño, debería ser el primer público objetivo de las políticas de RSC. Porque no va a encontrar una empresa mejores aliados para todo lo que impulse desde su compromiso económico, social y ambiental. Y tampoco los va a encontrar peores si no les tiene en cuenta.

La incoherencia es de los errores más dañinos en la gestión de personas. Una empresa podrá redactar de forma exquisita en su reporte de Responsabilidad Social Corporativa o en su Informe anual que se centra en su gente, que su objetivo es que se sientan orgullosos y retener el talento, que hace, hace y hace… Pero si no lo hace de verdad, ya tiene servido el conflicto interno, la desmotivación y la fuga. Más escaparate.

La RSC no me la ponen, la cumplo y ya está

Confundir la Responsabilidad Corporativa con el cumplimiento normativo y no hacerla propia es otro error. La RSC empieza por cumplir las obligaciones legales, sin duda, pero no se puede quedar sólo en eso. Es importante seguir caminando aunque sólo sea porque los mayores beneficios que se pueden llegar a obtener, con impacto directo en la rentabilidad, están un poco más allá de poder dormir tranquilo.

Las empresas pueden y de hecho suelen contratar consultores externos que les apoyan en el proceso de implantación de la RSC como estrategia, que efectivamente empieza por el cumplimiento normativo, pero si no se sensibiliza a toda la estructura para que esta visión de los negocios forme parte de su cultura corporativa y por tanto de su organigrama, y no se planifican acciones en todos los ámbitos de la gestión, otra vez nos quedamos en la superficie.

Habría mucho más que decir sobre los errores que se cometen con la Responsabilidad Social Corporativa, pero creo que evitar estos tres previene casi todos. Los que restan son esos fallos inevitables que están en cualquier proceso de aprendizaje y que sirven más que los aciertos para avanzar. Equivoquémonos, mucho si es necesario, pero no le llamemos Responsabilidad Social cuando lo que queremos es lavarnos la cara.

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