Universidad de Huelva

Es hora de acabar con los prejuicios

  • Las chicas necesitan referentes para animarlas a que entren en el mundo de las ingenierías

La mesa redonda tuvo lugar en la ETSI. La mesa redonda tuvo lugar en la ETSI.

La mesa redonda tuvo lugar en la ETSI. / Correa (Huelva)

La Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ETSI) ha tenido a bien celebrar este lunes, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La iniciativa de la ETSI se ha sumado este año a una jornada que lleva ya cinco ediciones, tal y como recordó su director Jacinto Mata.

La escuela ha asumido con gran conciencia este desafío ya que tal y como recordó el propio director, tan solo el 15% de su alumnado es femenino. Pero no es solo un problema de la Universidad de Huelva sino a nivel mundial. Para ello, la ETSI tiene en su hall, una exposición sobre mujeres científicas españolas entre las que se encuentra la oncóloga onubense Eloísa Bayo. Referentes que es lo que necesitan las nuevas generaciones de mujeres para identificarse con las pioneras que se adentraron en un mundo casi exclusivamente masculino.

Junto a la muestra, en la tarde de este lunes tuvo lugar una mesa redonda en la que participaron la profesora del Departamento de Ingeniería Electrónica, Francisca Segura; la jefa del Servicio de Gestión del Medio Natural de la Delegación Territorial de Medio Ambiente, Ana Warleta y la jefa del Grupo I+D+i en Atlantic Copper, Irene Ruiz. La mesa fue presentada por Mari Paz Díaz.

Irene Ruiz explicó que “llevo 22 años en la empresa y puede ser que durante los primeros 10 años, se vieran reticencias de algunos compañeros que veían mi presencia en calidad de ingeniera, como algo menos natural que lo suyo. A día de hoy todos realizamos las mismas tareas y tenemos las mismas inquietudes porque pertenecemos a una misma generación”.

La ingeniera de Atlantic Copper mencionó uno de los problemas que ha de afrontar toda mujer que entra en ámbitos que tradicionalmente han estado reservados a los hombres:los prejuicios. En este sentido, reconoció que “a nosotras se nos exige que demostremos hasta 2 o 3 veces más, nuestra valía que a los hombres. Cuando ya lo has demostrado, te aceptan pero está ese desafío primero que hay que afrontar”.Ana Warleta decidió un día estudiar Ingeniería de Minas, una titulación que “incluso a día de hoy tiene un gran dominio masculino” y “se sigue viendo como algo más de hombres”.

Los prejuicios surgen cuando por ejemplo, ella ha estado trabajando en el Área de Extinción de Incendios Forestales de la Delegación de Medio Ambiente y ha visto cómo “cuando te veían llegar y se sorprendían como diciendo:¿Qué haces aquí?Aunque reconoce que todo, poco a poco, se va normalizando aún hay hombres que se sorprenden cuando una mujer se eleva a cargos de responsabilidad e incluso dicen:“Confieso que me costaba obedecer a una mujer”. Para la profesora de la Universidad de Huelva,Francisca Segura, su vocación por las Ciencias –es licenciada en Física– sorprendió hasta a sus amigas de instituto que le decían:“Estudia otra cosa y vente con nosotras”. Ella les argumentaba que al igual que se podía ser útil a la sociedad cuidando o curando a enfermos, también se puede ser usando cables o a través de la química.

Las tres se mostraron convencidas además, de que la ciencia no sabe de género pero apuntaron a una cosa muy importante: la falta de referentes para las alumnas y jóvenes en general que puedan sentir atracción hacia estas titulaciones. Segura recordó que “cuando estudiaba en la universidad casi todos mis profesores eran hombres y lo que necesitan esas nuevas generaciones es que encuentren patrones femeninos de mujeres que ya tienen una trayectoria de investigación en los campos científicos”. En otras palabras, lo que las tres participantes en la mesa redonda de este lunes subrayaron es la importancia de dar visibilidad a las mujeres que ya han andado este camino tan extraño para ellas.

Un buen ejemplo fue también la proyección de un vídeo en el que una ingeniera norteamericana dio su testimonio sobre los prejuicios que ella tuvo que afrontar y cómo diseñó el primer mecano destinado a las niñas, siendo consciente de que las niñas no deben solo soñar en ser princesas sino que también puedan aspirar a ser ingenieras o científicas. Se trata de algo cultural, no genético.

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