Huelva

La gente inteligente no se preocupa, se ocupa

  • Somos personas más felices, más efectivas y más equilibradas cuando enfocamos nuestras preocupaciones de forma proactiva como desafíos en los que podemos influir

La gente inteligente no se preocupa, se ocupa

¿Le preocupan muchas cosas? Si le retara Mayra Gómez Kemp en el mítico concurso Un, dos, tres y le dijera ‘por veinticinco pesetas, enumere sus preocupaciones, por ejemplo: la pandemia’, usted respondería: la pandemia, el futuro de la economía, la salud del planeta y de la familia, el trabajo de nuestros hijos e hijas, la calidad profesional de quienes dirigen el país, la violencia de género, la calidad de la educación… También podría incluir otras preocupaciones como llegar a fin de mes, saber cómo vestirme para esa cita, o el tiempo que va a hacer el fin de semana... Pregunten a quien pregunten, en el icónico programa de Chicho Ibáñez Serrador conseguiríamos mucho dinero y, dependiendo de cómo enfoquemos nuestras preocupaciones, también obtendríamos muchas quejas y bastante frustración.

La diferencia sustancial para no cosechar demasiado mal rollo a la hora de preocuparse está en la actitud con la que mira usted esas cosas que le preocupan. ¿Piensa en dar respuestas reactivas o proactivas? Una pista, la preocupación suele ser reactiva, y está un paso antes de la ocupación, que es justo el paso proactivo que damos cuando sentimos que podemos influir en cambiar las cosas que nos preocupan, y entonces sí, empezamos a ocuparnos.

Todas las personas tenemos cientos de preocupaciones. Algunas son pequeñas, otras enormes. Muchas son muy personales, y otras más globales. Las hay conscientes, y también inconscientes. Y todas tienen un serio poder: nos pueden llevar a vivir como víctimas de las circunstancias o a ser personas responsables que toman acción para darle a sus vidas la mejor forma posible. Es la diferencia entre dar respuestas reactivas o proactivas, ¿de qué grupo es usted?

El saber llevar las preocupaciones es una de las claves del bienestar emocional. El saber llevar las preocupaciones es una de las claves del bienestar emocional.

El saber llevar las preocupaciones es una de las claves del bienestar emocional.

Ver el vaso medio lleno

Dígame una cosa. Imagínese enfrentando un problema. ¿Suele ver el vaso medio vacío o medio lleno? Lo que me gustaría, con este recurso tan manido del vaso, es que observe lo diferente que puede ser su actitud ante cualquier reto que le plantea la vida en función de si piensa que puede hacer algo, y es realista pero optimista, o si piensa que no puede hacer nada, y mira de forma realista pero pesimista. Cualquiera de las dos opciones de vida depende casi únicamente de cómo mire usted el vaso, perdón, de cómo mire el reto.

Sigamos imaginando. Piense ahora en un enorme círculo en la pared. Es su círculo de preocupación. Es más, si quiere y puede, no lo imagine, píntelo en una pizarra o en el suelo con una tiza. Ahora coja post-it. Muchos post-it. Escriba todo lo que le preocupa. En cada post-it una preocupación. Y vaya pegándolos a lo largo del perímetro del círculo, por dentro. Está metiendo sus preocupaciones en su círculo de preocupación. Esto es coherente, al menos hasta ahora. Pero vamos a seguir el ejercicio.

Una vez pegados todos los post-it con todas las preocupaciones que se le han ocurrido, pinte dentro del círculo grande otro más pequeño. Como si quisiera dibujar un donut. El agujero del donut va a ser nuestro círculo de influencia o círculo de acción, ¿lo visualiza? Tiene delante un donut con todas sus preocupaciones como cobertura -o topping, que se dice ahora-.

Mire sus preocupaciones, una a una. ¿Puede usted hacer algo para resolverlas? ¿Sí, no, poco mucho, nada? Vaya poniendo en el círculo interior más pequeño los post-it de las preocupaciones en las que usted sí puede influir en mayor o menor medida. Quizás quiera añadir una tarea proactiva a cada post-it, para llevarla al círculo de influencia o círculo de acción con la misma coherencia con la que lo metió en el círculo de fuera. Por ejemplo: reciclar en casa en el post-it del cambio climático, vacunarse en el de la pandemia, comprar en comercios locales en el post-it sobre la preocupación por la economía de su ciudad…

Y ahora, haya hecho o sólo imaginado este ejercicio, reflexione un momento: ¿qué círculo tiene más lleno? ¿Cuál necesita más espacio, su círculo de preocupación o su círculo de influencia?

Preocuparse menos para vivir más. Preocuparse menos para vivir más.

Preocuparse menos para vivir más.

Una cuestión de percepciones

No nos engañemos. El tamaño de nuestros círculos es subjetivo, un percepción distorsionada por nuestra forma de mirar las preocupaciones. Si las miramos de forma reactiva, como víctimas de las situaciones, vemos muy grande el círculo de preocupación y más pequeño el de influencia.

Sin embargo, la gente emocionalmente inteligente suele ser proactiva, y realistamente optimista, y por eso ponen más energía en resolver lo que les inquieta que en quejarse. Esto quiere decir que se ocupan más que se preocupan, y perciben que su círculo de influencia, o su capacidad para influir en sus propias vidas, es bastante grande.

Por eso, lo más transformador del ejercicio que le he propuesto hoy es precisamente proponerle un camino para pasar de la preocupación a la ocupación, y tomar la decisión de vivir expandiendo su círculo de influencia en vez de aplastarlo con sus preocupaciones.

Y sí. Ya sé lo que puede estar pensando ahora… ¡No se le escapa una! Hay preocupaciones en las que no puede influir: va a llover, he perdido el trabajo o un ser querido va a morir… Aquello que se sale claramente de nuestro círculo de influencia se queda en el círculo de preocupación, pero inspirándonos acciones para adaptarnos. Porque siempre podemos adaptarnos y decidir nuestra actitud. Esa es otra cualidad maravillosa de la gente inteligente.

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