Costa Occidental

Las bajas temperaturas se dejan sentir en los tajos onubenses

  • Los temporeros que trabajan en la recogida de la frambuesa y la fresa padecen mínimas sobre cero en las primeras horas del día

Una trabajadora recoge frambuesas cargada de ropa de abrigo. Una trabajadora recoge frambuesas cargada de ropa de abrigo.

Una trabajadora recoge frambuesas cargada de ropa de abrigo. / Jordi Landero (Cartaya)

“Tapados hasta las cejas”. Así están teniendo que acudir a primera hora de la mañana al tajo estos días los miles de temporeros que se encargan en las fincas de la Costa Occidental onubense de las labores de recolección de fresas, frambuesas y otras frutas.

Y es que las heladas que se están produciendo de madrugada, sobre todo en las zonas más umbrías, hacen que estos trabajadores sean de los que más están padeciendo los rigores del invierno, con temperaturas a primera hora de la mañana que en muchos puntos bajan de los cero grados, como evidencia el manto blanco que sobre el campo descubre la salida del sol.

Guantes, varias capas de ropa en el cuerpo rematadas con chaquetones, gorros, bufandas y pañuelos, son los principales atuendos que estos días pueden visualizarse en las explotaciones agrícolas de la comarca, especialmente en las dos primeras horas de trabajo y coincidiendo con el amanecer. Y es que a medida que pasan las horas, debido a que las altas presiones dominan la situación meteorológica, el panorama cambia radicalmente y al elevar el sol la temperatura y obligar a los temporeros a ir desprendiéndose de capas de ropa “como si fuesen cebollas”, según explica el agricultor cartayero Antonio Luis González Martín, de Frutas Curi, en cuya explotación las labores de centran estos días en la recolección de las últimas frambuesas y las primeras fresas de la temporada.

Solo por poner algunos ejemplos de estos fuertes contrastes, las estaciones que la Agencia Estatal de Meteorología tiene en la comarca, las cuales se ubican en Ayamonte y Cartaya, marcaron el lunes máximas de 16,4 y 15,5 grados, respectivamente, y mínimas la madrugada y mañana siguientes de 1,4 en el caso de Ayamonte a las nueve de la mañana, y de 1,4 y 1 grados a la una de la madrugada y a las siete de la mañana, respectivamente, en el de Cartaya.

Una jornalera se calienta las manos en una hoguera. Una jornalera se calienta las manos en una hoguera.

Una jornalera se calienta las manos en una hoguera. / J. Landero (Cartaya)

Pero González Martín, y la mayoría de sus trabajadores, afirman que en el campo las temperaturas están bajando estos días de los cero grados a la hora de empezar a trabajar. Al margen de mucha ropa de abrigo, los trabajadores también recurren al encendido de una hoguera a primera hora, cuyas brasas mantienen activas hasta que el sol empieza a caldear el ambiente, la cual les sirve para “calentarse las agarrotadas manos”, que según este agricultor cartayero “son las principales herramientas de trabajo de los temporeros en la siempre delicadísima labor de recolectar frutos rojos en óptimas condiciones”.

Es por ello que la mayoría de trabajadores usan guantes de lana con las puntas de los dedos cortadas “porque el trabajo es muy delicado y hay que recolectar la fruta tocándola y solo provistos con guantes finos de plástico por cuestiones de higiene” señala Roxanna, una de las recolectoras. “El campo es, y siempre ha sido así, –admite con resignación– y aquí no nos queda más remedio que aguantar el frío, el calor, la lluvia, el viento, y lo que venga, precisamente por eso, porque estamos en el campo, y la fruta no puede quedarse en la planta”. “Pero lo llevamos bien –añade– y hay otros trabajos más duros”. Por ejemplo, bromea Roxanna, que es ucraniana, “ayer mismo hablé con mis padres y me decían que en mi país están estos días a una media de 18 bajo cero… y eso sí que es frío, y no esto”.

En este sentido no solo los trabajadores agrícolas son los únicos que soportan estos días los rigores más duros del invierno en la zona. En los campos de golf de la comarca, sobre todo en los más cercanos a la línea de costa, al intenso frío se une la enorme humedad del océano, haciendo que las condiciones del personal de mantenimiento cuya jornada laboral arranca a primera hora de la jornada se endurezcan.

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