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Energía

Siete razones por las que España y Portugal van a convertirse en una potencia del hidrógeno verde

Vista aérea de las instalaciones de Cepsa en Huelva.

Vista aérea de las instalaciones de Cepsa en Huelva.

Es difícil imaginar que la crisis energética actual sea algo más allá de lo negativo. Está afectando a los bolsillos de la ciudadanía y, al mismo tiempo, perjudicando al planeta, ya que la lucha por la seguridad energética ha marcado la reaparición del carbón. Las emisiones de gases de efecto invernadero están aumentando en todo el mundo.

Sin embargo, es posible que recordemos este momento como un punto de inflexión crucial en la lucha contra el cambio climático. Esta crisis nos ha recordado que la energía está en todas partes, en todo lo que nos rodea. Si la energía cuesta más, todo cuesta más. Esa afirmación está consiguiendo que un sinfín de mentes se centre en una serie de oportunidades únicas para esta generación.

Un ejemplo lo encontramos en la península ibérica, que posee todo lo necesario para convertirse en la central de hidrógeno de Europa.

Y no nos equivoquemos, Europa necesita hidrógeno.

La necesidad de energía

Los paneles solares y los aerogeneradores pueden ayudarnos a satisfacer nuestras necesidades de electricidad, pero esta representa menos de una quinta parte de la energía que consumimos. Para acelerar al máximo la descarbonización y sacarle el máximo partido a la energía solar y eólica, necesitamos electrificar una parte mucho mayor de nuestro consumo energético. Sin embargo, aunque electrifiquemos todo lo electrificable, solo habremos resuelto aproximadamente la mitad de nuestro consumo energético. Existen muchos sectores que dependen de los combustibles fósiles y no atisban el modo de electrificarse: el transporte pesado de mercancías por carretera, el transporte marítimo y aéreo, y la industria pesada, como la siderúrgica, la cementera y la química.

Maarten Wetselaar, CEO de Cepsa. Maarten Wetselaar, CEO de Cepsa.

Maarten Wetselaar, CEO de Cepsa. / M. G (Huelva)

Es probable que el hidrógeno verde sea una parte importante de la respuesta. Se puede fabricar utilizando electricidad renovable para dividir moléculas de agua mediante electrólisis, o utilizando biometano. Se trata de «hidrógeno verde», neutro en carbono. Se puede transportar por tuberías a grandes distancias, comprimirse o licuarse. Se puede utilizar en aviones, camiones y barcos, transformarse en biocombustibles como el biodiésel o el combustible sostenible para aviación (SAF), en amoníaco verde y metanol verde, o incluso quemarse directamente como combustible en algunos casos. Puede quemarse, como el gas natural, para producir calor para procesos industriales, entre otros muchos usos.

En pocas palabras, el hidrógeno es un combustible muy versátil. Por ese motivo, el organismo de la ONU encargado del cambio climático la CMNUCC, cree que el hidrógeno podría satisfacer hasta el 20 % de la demanda energética mundial en 2050, aproximadamente el mismo porcentaje del sistema energético que ocupa actualmente la electricidad.

Esa demanda ya está empezando a crecer. Este verano, Alemania puso en marcha la primera red mundial de trenes de hidrógeno. H2 Green Steel está a punto de empezar a construir una acería de hidrógeno en el norte de Suecia. Hace unas semanas, Rolls-Royce empezó a probar un nuevo motor a reacción de hidrógeno.

Una oportunidad única

Ha llegado el momento de que España y Portugal den un paso adelante. Y es que están en un emplazamiento único para empezar a producir hidrógeno verde a gran escala. Tienen siete ventajas que, combinadas, marcan un impulso único.

  1. Ya se dispone de mucha electricidad con cero emisiones de carbono, con un enorme potencial para generar más, mucho terreno para expandirse y una amplia gama de formas de generar electrones verdes: solar, eólica, biomasa e hidroeléctrica.
  2. Una red eléctrica inusualmente flexible y bien conectada en toda la península. Eso supone que los electrones verdes se pueden transferir fácilmente desde donde se crean hasta donde se necesitan.
  3. Una amplia difusión geográfica de la generación de energía con cero emisiones de carbono en toda la región. Todo ello, combinado con la diversidad de fuentes y la flexibilidad de la red, permite un suministro ininterrumpido de electrones verdes. Se trata de una situación perfecta para la electrólisis del hidrógeno, que necesita un suministro fiable y constante de electricidad para funcionar de manera eficaz.
  4. Un gran potencial para producir biometano a partir de residuos agrícolas (como los huesos de aceituna), residuos agrícolas, biomasa procedente de la limpieza de bosques y otros residuos orgánicos.
  5. Demanda interna de hidrógeno existente. Ya existe una necesidad de hidrógeno suficiente en toda la península ibérica para justificar la construcción de las instalaciones de producción necesarias. Una vez construidas, los costes de ampliación para exportar hidrógeno verde son asumibles.
  6. Una infraestructura portuaria bien desarrollada y una amplia red de gasoductos hacia Europa. Los puertos se pueden utilizar para transportar hidrógeno donde se necesite y, con el tiempo, para repostar buques propulsados por hidrógeno. Los gasoductos abren diferentes opciones de exportación. A corto plazo, el hidrógeno verde se puede mezclar con el gas natural para reducir las emisiones. A largo plazo, se podrían construir rápidamente conductos exclusivos para el hidrógeno utilizando las tuberías existentes.
  7. Pertenencia a la Unión Europea. Eso permite que el hidrógeno verde de la península ibérica acceda sin problemas a los mercados de la UE y se beneficie automáticamente de los incentivos que ofrece para garantizar la seguridad energética.

Rentabilidad

El hidrógeno verde está viviendo su mejor momento hasta la fecha. De hecho, los elevados precios del gas natural a los que asistimos en la actualidad hacen que los argumentos económicos a favor del hidrógeno verde de la península ibérica sean abrumadores. A los precios actuales, el hidrógeno verde español y portugués costaría menos de una cuarta parte que el "'hidrógeno gris' de producción tradicional, que se obtiene dividiendo moléculas de gas natural y provoca emisiones de CO2.

Se trata de una idea muy convincente que ha conseguido abrirse camino en muchas mentes. Pero lo más convincente es la constatación de que los argumentos económicos a favor del hidrógeno verde ibérico siguen siendo válidos aunque se desplomen los precios del gas natural. Incluso con los precios anteriores a esta crisis energética, la producción de hidrógeno verde en la península ibérica costaría más o menos lo mismo que la de hidrógeno gris, pero sin las emisiones de gases de efecto invernadero. Y, con un ligero apoyo del Gobierno y un cierto aumento en la eficiencia que ya está previsto, es probable que sea significativamente más barato.

Las siete ventajas ibéricas, unidas a un marco de inversión bueno y estable, constituyen una combinación irresistible. Así pues, no debería sorprendernos empezar a ver importantes inversiones en hidrógeno en España y Portugal. La península ibérica tiene potencial para convertirse en un centro de producción energética para Europa, toda una potencia de hidrógeno verde.

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