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El descanso del guerrero

  • En el contexto de ‘campaña permanente’, las vacaciones propician el principio de identificación: los políticos acuden a lugares que podríamos haber elegido nosotros

Pedro Sánchez con Angela Merkel y sus parejas el verano pasado en Doñana. Pedro Sánchez con Angela Merkel y sus parejas el verano pasado en Doñana.

Pedro Sánchez con Angela Merkel y sus parejas el verano pasado en Doñana. / Efe

EL mes de agosto es época de vacaciones, también para los políticos. Este año sus señorías han hecho las maletas con menos alegrías que de costumbre. La sensación de fracaso por no haberse podido constituir Gobierno y la posibilidad de repetición de elecciones flotando en el ambiente ha levantado una corriente antivacaciones. Como si de estudiantes que suspenden se tratara, son numerosas las voces que consideran que no merecen descanso y que deben seguir trabajando para la recuperación de septiembre.

El Gobierno en funciones está manteniendo una serie de reuniones con colectivos sociales para la elaboración de una propuesta programática, mientras que otros muchos diputados han optado por el paréntesis vacacional como cualquier ciudadano para recargar pilas y recuperar energías para lo que se avecina a la vuelta.

Los años electorales paralizan la actividad en las cámaras, máxime si la formación de Gobierno está resultando algo más que costosa, como en esta ocasión. Sin embargo, tenemos ejemplos más recientes en los que sus señorías han tenido menos trabajo aún que este año. En 2016, los diputados españoles trabajaron 71 días y descansaron 295 al ser año bisiesto. Las dos convocatorias electorales y la incapacidad de formar un Gobierno derivaron en un ejercicio político sin contenido.

Cada vez cunde más la sensación de que los políticos trabajan menos que el resto pero disfrutan de los mismos derechos

No hemos llegado a esos extremos este año, pero lo cierto es que cada vez cunde más la sensación de que trabajan menos que el resto de los mortales pero disfrutan de los mismos derechos.

La elección del lugar de vacaciones tiene un componente importante a efectos de opinión pública. España es el principal destino de nuestros políticos cuando hacen las maletas. La mayoría pasa unos días con la familia en sus lugares de origen o disfruta del campo o la playa. Escoger destinos que puedan resultar lujosos o que supongan un dispendio económico no está bien visto, así que deciden no arriesgar y optan por lugares sencillos y discretos, donde no sea necesario adecuar las instalaciones más allá de las lógicas medidas de seguridad.

En caso de que finalmente tome algunos días de vacaciones este verano, Pedro Sánchez repite en el Palacio de las Marismillas, en Doñana, lugar habitual de descanso de los presidentes del Gobierno españoles y donde todo está ya preparado. Del resto de líderes políticos poco ha trascendido, sólo que el descanso será corto y con pocas posibilidades de desconexión.

Aunque este año es bastante singular por las circunstancias políticas, en líneas generales los políticos españoles suelen hacer gala de discreción y austeridad, si bien las redes sociales nos ofrecen la oportunidad de conocer a los líderes en su faceta más íntima y cercana. Los famosos paseos de Rajoy por los parajes gallegos, Alberto Garzón lanzándose a la piscina de cabeza o los baños de Pedro Sánchez en las playas de Ibiza no son más que oportunidades para ofrecer otra imagen, el lado más humano del político con el que todos nos identificamos.

En otros países es relativamente normal que sus dirigentes viajen al extranjero durante sus vacaciones

En el contexto de campaña permanente en el que nos desenvolvemos, las vacaciones son la ocasión perfecta para poner en práctica el principio de identificación, es decir, conseguir que los ciudadanos se identifiquen con los líderes políticos. Y el periodo de descanso es un excelente momento para mostrar normalidad, sobre todo si veranean en España como casi todo el mundo.

Los vemos descansar en lugares que nosotros mismos podríamos haber elegido para pasar las vacaciones y nos identificamos con ellos. Es así de simple. Esto no ocurre en otros países, donde es relativamente normal que sus dirigentes viajen al extranjero durante sus vacaciones, porque eso es justamente lo que hace el resto de la población.

Pero no sólo el lugar escogido humaniza al político. Los vemos en la playa en bañador, en mangas de camisa y realizando actividades cotidianas. Y ese entorno otorga un nuevo valor a la figura de quien estamos acostumbrados a ver desenvolviéndose en su ecosistema político.

Los políticos también tienen derecho a disfrutar de sus vacaciones con cierta intimidad y discreción y, sin embargo, están permanentemente expuestos a los flashes de las cámaras, sobre todo las de aquellos medios de comunicación especializados en la crónica social, para quien un político de vacaciones es un buen bocado por la imagen tan radicalmente distinta que ofrece en esos días de descanso. Para combinar el interés de los medios con el derecho a la intimidad, normalmente se establecen normas y se pacta el momento para tomar los recursos gráficos.

La ropa ligerita, e incluso la ausencia de ropa, puede jugar malas pasadas a nuestros políticos, porque no todos pueden presumir del torso de José María Aznar o de la prestancia de Pedro Sánchez. Según desveló el semanario L’Express, la revista Paris- Match, una de las de mayor tirada en Francia, retocó una fotografía y eliminó un michelín en la cintura del presidente de Francia Nicolas Sarkozy cuando se encontraba de vacaciones en Estados Unidos.

La liposucción por photoshop dio la vuelta al mundo, haciéndose realidad el efecto Streisand, ese que nos advierte que al eliminar o borrar un comentario de Internet (en este caso un michelín) lograremos justamente el efecto contrario, pudiendo ser viralizado con rapidez.

Los políticos tienen en vacaciones el hándicap de que se pueden ver obligados a interrumpirlas en caso de un accidente grave o un desastre medioambiental que los obligue a ponerse al frente de un operativo. No parece creíble, sin embargo, aquellos políticos que aprovechando el apagón informativo del verano intentan ocupar agenda realizando declaraciones políticas, subidas de tono en ocasiones, con el chiringuito y la playa de fondo. Para colocar un mensaje con eficacia es necesario medir muy bien la escenografía y el contexto, porque de lo contrario no se conseguirá el efecto pretendido.

Merecidas o no, las vacaciones son necesarias. Según los expertos, nos ayudan a disminuir la presión arterial, los niveles de estrés y mejoran el ánimo. Son útiles también como periodo de reflexión y para hacer balance. Y, a veces, hasta nos echan de menos.

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